Teismo - Ateismo

Diálogo entre quienes se identifican con lo Trascendente y aquellos que asumen posturas filosóficas materialistas
 
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 Antiguas creencias o modernas supersticiones. La búsqueda de la autenticidad

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Joselia
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MensajeTema: Antiguas creencias o modernas supersticiones. La búsqueda de la autenticidad   Mar Oct 25, 2011 11:40 am

Antiguas creencias o modernas supersticiones. La búsqueda de la autenticidad

I

El mayor problema con que se enfrentan aquellos que creen en la posibilidad de la verdad y que se ponen a buscarla seriamente, es la ausencia -o supuesta ausencia- de cualquier criterio por el cual ellos estén seguros de que lo que van a encontrar es lo auténtico. Con muchas grandes religiones y entre 5 y 20.000 "cultos" ofreciéndonos todos diferentes y a menudo exclusivas opciones, cómo vamos a elegir, o con más precisión, cómo discernir. Atrapados como estamos en los afanes de Maya -o como un Católico diría, con nuestros intelectos heridos y nuestras voluntades debilitadas por la Caída de Adán, cómo podemos por nosotros mismos y sin ayuda externa, estar seguros de que estamos evitando el engaño. Nosotros podemos, por supuesto, abrazar la postura de los escépticos y abandonar la lucha. Pero como una vieja glosa de Platón dice: "el escepticismo es fácil; la incredulidad es para el populacho". Pero para aquellos que no están todavía intelectualmente muertos, la cuestión aún permanece. ¿Con referencia a qué autoridad vivimos y morimos? ¿Hay auténticas verdades establecidas, o la verdad es simplemente una cuestión de nuestros propios sentimientos personales internos, de nuestras experiencias psicológicas y de lo que "funciona" para nosotros?

El primer problema con el que nos enfrentamos es si la verdad es una entidad objetiva o subjetiva. ¿Existe lo que llamamos verdad objetiva? una verdad que siempre ha sido y siempre será la misma, constante e incambiable, por lo tanto una verdad que es absoluta. Ahora bien, uno de las dos cosas tiene significado o no lo tiene ninguna de las dos. Si la verdad es solamente una cuestión de gusto personal, si uno está convencido de que toda la realidad es relativa, entonces no hay ningún motivo para continuar ni la discusión ni la búsqueda. Uno está atrapado así en el circulo vicioso de proclamar que la única verdad es que no hay verdad.

En último análisis, tenemos solamente tres posibles fuentes de autenticidad. Tenemos las Antiguas Enseñanzas que están -o así lo creo yo- encarnadas en los grandes sistemas religiosos del mundo . Tenemos también nuestros propios sentimientos internos o la experiencia psicológica respecto de lo que es verdad. Y tenemos cierta mezcla de estos dos extremos. O bien aceptamos un criterio objetivo, o aceptamos uno subjetivo, o bien creamos una mezcla de lo que por una razón o por otra encontramos personalmente satisfactorio. Ni que decir tiene que lo último es también subjetivo.

Es solamente cuando aceptamos la posibilidad de una verdad objetiva que podemos ver a las Antiguas Enseñanzas como una posible auténtica fuente de verdad. Por desgracia, vivimos en una época muy supersticiosa. La así llamada "época de la ilustración" una frase que sin duda apela a la egoidad del hombre, es más apropiadamente descrita por las Antiguas Enseñanzas como el "Kali Yuga", la época de la oscuridad, o en terminología Católica, "los últimos días". Esto nos lleva a dos de las más poderosas supersticiones que aceptamos -en realidad ellas podrían llamarse los "dogmas" de la modernidad-, a saber, la evolución y el progreso. La mayor parte de nosotros está convencido de que la humanidad ha evolucionado a lo largo de los siglos y de que continúa evolucionando con cada generación. ¿No consideramos a nuestros antepasados un tanto "primitivos", "retrasados" y "supersticiosos"? La misma palabra "supersticioso" nos hace pensar en un campesino medieval Europeo rezando su rosario ante una milagrosa reliquia de Nuestra Señora, o en un brahmán hindú negando a los intocables el acceso a los recintos del templo. La última persona que pensaríamos que es supersticiosa es un profesor de Harvard o un eminente científico.

El problema de tener supersticiones es que tienden a cegarnos la verdad. Si estamos convencidos de que algo falso es verdad, es probable que muy difícilmente busquemos más allá de ello una fuente de autenticidad. Si consideramos las Antiguas Enseñanzas como encarnadas en las Grandes Tradiciones Religiosas del mundo y como una posible fuente de auténtica y objetiva verdad, lo primero que debemos hacer es abandonar nuestra supersticiosa creencia moderna en el progreso y en la evolución. Como veremos, hay un montón de otras "creencias" supersticiosas que también deben ser abandonadas. Entre éstas se incluyen nuestra moderna visión de la naturaleza del hombre, nuestros falsos conceptos igualitaristas, nuestros ideales socialistas y utópicos, nuestras actitudes familiares, nuestra moral, o más bien nuestros códigos inmorales, nuestra fe en la ciencia y nuestra actitud hacia la religión. Como alguien comentó una vez, esto es la "bola de nieve".

Recuerdo muy bien cómo mis compañeros de universidad -y más tarde, cómo algunos de mis colegas profesionales- me miraban por encima del hombro por ser Católico. Se me acusaba de no pensar ya por mí mismo. Ahora bien, la idea de que es bueno pensar por sí mismo es otra superstición moderna. Para exponer la cuestión con más claridad, yo os pediría que imaginarais una clase de estudiantes de matemáticas diciéndole al profesor que ellos no están de acuerdo con sus respuestas porque ellos están aprendiendo matemáticas "por sí mismos". No, pensar por sí mismo no es una cosa saludable. Lo que debemos hacer es aprender a "pensar correctamente", pero no a pensar "por nosotros mismos". La función de las Antiguas Enseñanzas es ayudarnos a hacer precisamente esto, pero esto lleva tanto trabajo como disciplina. Nosotros tenemos, por supuesto, la "libertad" de pensar por nosotros mismos podemos pensar de la forma que queramos. Pero nosotros no tenemos derecho a hacerlo, ya que el error no tiene derechos. Como el asesinato: somos libres para asesinar a quien queramos, pero ciertamente no tenemos derecho a hacerlo.

Nosotros no acusamos a los adherentes religiosos de no ser capaces de pensar por sí mismos. El actual alegato es que ellos han dejado que "les laven el cerebro". El lavado de cerebro implica que los pensamientos y actitudes de uno pueden ser influenciadas, si no controladas, por fuerzas externas. Tanto las religiones como los cultos, por no hablar de los sistemas políticos son acusados de usar varias técnicas para hacer esto. ¿Se han dejado lavar el cerebro los individuos que se adhieren a las Antiguas Enseñanzas como encarnadas en su integridad en las Grandes Tradiciones Religiosas? Antes de contestar a esta pregunta permitidme señalar que todos, hasta cierto punto, tenemos lavado el cerebro. Todos los días nuestras mentes son bombardeadas por los medios de información, por la televisión que los americanos ven como promedio durante 60 horas a la semana, por las novelas populares y por aquellos con quien tenemos un contacto diario. No me cabe duda de que la mayoría, si no todas estas entidades, aceptan un punto de vista antireligioso, liberalhumanístico, socialista y más o menos escépticoateo. Además, las presiones de la vida moderna son tales que, en el poco tiempo libre que tenemos, la mayoría de nosotros nos exponemos a estos medios de una forma completamente pasiva y nada crítica. Nosotros dejamos, en lo esencial, que locutores, políticos y escritores en boga nos digan cómo pensar, y aún así nos sentimos orgullosos de que estamos pensando por nosotros mismos. Si no vemos esto como un lavado de cerebro, es porque estas fuentes satisfacen nuestros egos y encontramos el pábulo ofrecido aceptable y agradable. Por otro lado, una madre que enseña su fe ancestral a sus hijos y el brahmán que insiste en la pureza ritual y en las restricciones de casta, serían también culpables de lavar el cerebro. Pero en este punto muchos encontrarían la aplicación sumamente inaceptable.

Consideremos por un momento nuestro propio ambiente educativo. ¿Qué formación tuvimos en nuestros hogares? Hoy día la mayoría de los padres tienen los cerebros lavados de manera tan efectiva por las actitudes agnósticas y liberales de nuestro tiempo, que ellos ya no tienen y por lo tanto no pueden comunicar ningún sistema de valores o conjunto de creencias fijas a su descendencia a menos, por supuesto, que se considere el éxito material como un sistema de creencias. Y así ocurre que la mayoría de los niños salen de su casa con una especie de tabula rasa o peor aún, con una creencia en el mundo de la pantalla televisiva. Según las estadísticas, cada domingo 16 millones y medio de niños pasan una hora y media viendo "Graystone" o las tortugas ninja mutantes. Los sociólogos llaman a la televisión el "tercer padre". Desgraciadamente ella es a menudo el único padre.

Y de este modo, es un considerable alivio que los niños sean enviados a la escuela. Aquí se inicia el lavado formal de cerebro. El proceso comienza en la guardería donde se hace jugar a los niños con muñecas y a las niñas con espadas que se hace, usando la jerga de la psicología moderna para enseñarles a evitar estereotipos. A través de una variedad de técnicas, como la "clarificación de valores", se les enseña a rechazar los valores de sus padres suponiendo que se les hubiera inculcado algunos con la excusa de desarrollarles los propios normalmente los del profesor o los promovidos por las diferentes agencias gubernamentales. Este proceso se llama "desatelización". A lo largo de los siguientes diez años se les enseña a ser buenos pequeños evolucionistas, socialistas, y cómo usar el regalo del sexo sin responsabilidad. Y luego ellos van a la Universidad que es el sine qua non para conseguir una pizca de éxito económico. Una vez más, ellos pagan un precio excesivo es un precio más alto que cualquier tasa, es el sometimiento de nuestras mentes a otro proceso de indoctrinación. Como mi padre dijo una vez y esto fue en los años 40 es casi imposible que alguien se gradúe en la Universidad sin un severo perjuicio intelectual.

Así que tenemos la cuestión: ¿tienen lavado el cerebro los adherentes religiosos? Yo creo que la respuesta a esta cuestión debe ser expresada en términos de "pensar correctamente" y de aceptar "valores correctos". Si las Antiguas Enseñanzas son una auténtica fuente de verdad, y si las hacemos nuestras, entonces nosotros somos como el estudiante de matemáticas que aprende a calcular correctamente. Tal estudiante no tiene lavado el cerebro porque él sepa hacer sus sumas correctamente. Nuestra sumisión a la verdad y el hacerla nuestra es, en último análisis, nuestra única protección tanto contra el lavado de cerebro como contra el autoengaño.

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MensajeTema: Re: Antiguas creencias o modernas supersticiones. La búsqueda de la autenticidad   Jue Oct 27, 2011 9:51 am

II

El hombre no vive en un vacío. Todo el mundo incluso el ateo convencido tiene lo que podemos llamar un "sistema de creencias", es decir, una serie de convicciones que determinan cómo vivir su vida. Ahora bien, todo sistema de creencias puede caracterizarse por tres cosas: por su CREDO -que es lo que se cree-, por su CULTO o forma de adoración, y por el CODIGO o reglas de comportamiento que se practican o se abogan. Consideremos el sistema de creencias -o sea, el CREDO, el CULTO y el CODIGO- de un graduado medio. ¿Qué cree él? Creo justo decir que él está convencido de que no existe algo tal como una verdad absoluta de que toda verdad es subjetiva, y por lo tanto relativa. De ahí que hablando normalmente no se diga ya: "yo sé", sino simplemente "yo siento" que algo es verdad. Él cree que la evolución es una ley de la naturaleza aplicable a todos los campos de la experiencia. Todo evoluciona, no solo el hombre, sino también el conocimiento, la sociedad, ¡e incluso Dios!. Recuerdo a mi hijo de seis años llegar una tarde a casa de la escuela y anunciar con orgullo que él ¡no creía ya en Dios!. Yo le pregunté en qué creía entonces y contestó: "Eh… ¡ah!, ¿cómo era esa palabra?"

Afortunadamente pude convencerlo de lo contrario. Pero la evolución se inculca a los niños desde la cuna. Lo habéis visto siempre en documentales sobre la Naturaleza en televisión. Los documentales son maravillosos pero el mensaje es dado repetidamente. Todo desde las rayas del tigre hasta el cuello de la jirafa evolucionaron. Todos los niños saben quién es Darwin. ¿Cuántos han oído hablar de Gautama el Buda o de Juan el Bautista?

La evolución es por supuesto bastante absurda, tanto desde el punto de vista científico como del filosófico. Desde el punto de vista científico: no solamente no existe en absoluto ninguna prueba en favor de la evolución, todas las evidencias están en su contra. La geología, la biología, la genética y todas las demás disciplinas científicas hablan de la fijeza de las especies y de la imposibilidad del transformismo. No se han encontrado formas intermedias entre las especies. Hay mucho que decir de los "eslabones perdidos". El problema de estos "eslabones perdidos" es que ¡precisamente están perdidos! Creer en la evolución es creer que lo superior puede venir de lo inferior; es creer que la energía se puede crear in sui generis, es creer que las cosas ocurren "por casualidad" en el sentido de que la casualidad es una posibilidad al azar. La teoría de la probabilidad nos dice que la probabilidad de que ocurra un paso en la evolución es tan remoto como imposible. Aún así, los evolucionistas nos dicen que han ocurrido muchos pasos. Lo más sorprendente en relación a la evolución es que los científicos que admiten todo esto continúan creyendo en la evolución ellos son verdaderamente hombres de una fe profunda pero ciega. No es el hombre que vive en la naturaleza sino mas bien ¡el hombre moderno quien cree en las fuerzas ciegas de la Naturaleza y quien debería ser etiquetado como animista!.

Filosóficamente también es absurda la evolución. Si fuera verdad, sería tan imposible para el hombre salirse fuera del proceso evolutivo para examinar el proceso que lo desarrolló, como lo sería para un ordenador el examinar a su creador. Como el filósofo de Oxford, Sir Karl Popper señala: "si el Darwinismo es correcto, entonces cualquier teoría se sostiene por cierta estructura física del que la sostiene -tal vez de su cerebro. Del mismo modo, nos estamos engañando a nosotros mismos, y estamos tan físicamente determinados como para engañarnos a nosotros mismos cuando creemos que hay tales cosas como argumentos o razones de cualquier cosa. Las condiciones puramente físicas, incluyendo nuestro ambiente físico, nos hace decir o aceptar cualquier cosa que digamos o aceptemos".

Implícito en la teoría evolucionista está la negación del libre albedrío. Como Huxley decía: "la proposición fundamental de la evolución" es que "el mundo entero, viviente o no, es el resultado de la mutua interacción, según leyes definidas, de las fuerzas poseídas por las moléculas de las cuales la primitiva nebulosidad del universo estaba compuesta". Después de todo, ¿cómo puede algo a notar, y no digo "alguien", que es el producto de rígidas leyes, leyes que todavía controlan su desarrollo futuro, y que no tiene libertad para apartarse del proceso evolutivo cómo puede este "algo" actuar independientemente de esas leyes? ¿Cómo puede ese "algo" tener un libre albedrío del cual es responsable? El evolucionista Jonas Salk así lo admite un tanto. Él admite abiertamente que su vacuna contra la Polio va en contra del proceso evolutivo de la selección natural. De la única forma que él explica su capacidad para desarrollar esta vacuna es que él fue genéticamente programado para hacerlo. Aquí uno se encuentra con otro enigma, un enigma suficientemente interesante compartido por los socialistas para quienes la evolución toma la forma de determinismo histórico. Si la vida del hombre está determinada por la evolución o por la historia, ¿cómo podemos ser "libres"? Aún así, los evolucionistas y los deterministas históricos proclaman que el hombre es libre para ayudar a que el proceso vaya camino de la perfección y hacia una utopía terrenal. Los socialistas van incluso más lejos. Ellos castigan al hombre por su incapacidad de hacer esto, y en nombre de sus ideas socialistas han matado a tantos millones de personas que hacen que el Holocausto Judío parezca una insignificante gota de agua dentro de un cubo.

Pensar de esta forma, como ha dicho el psiquiatra Karl Stern, "es una locura" en el mismo sentido en que los esquizofrénicos descompuestos están locos. He llamado a la evolución una superstición de hecho, es el "abuelo" de todas las supersticiones modernas. Permitidme daros una definición de superstición sacada de una antigua edición del Diccionario Webster:

"Un miserable e irracional estado mental… que procede de la ignorancia, de un miedo irracional a lo desconocido o una misteriosa mórbida escrupulosidad, una creencia en lo mágico o en el azar, o lo que es lo mismo, o en una mal dirigida o mal comprendida religión o interpretación de la naturaleza… una idea irracional fija, una noción mantenida a pesar de la evidencia de lo contrario".

¿Quiénes son algunos de los "gurús" más dominantes del mundo moderno y qué creen estos? Freud, Adler, Fromm, Maslow Rogers y Jung son o eran todos evolucionistas y consecuentemente ateos. Ellos nos dicen que lo que se llama "inteligencia" consiste "en la razón, en la habilidad para tratar con abstracciones, en la capacidad para aprender y en la habilidad para manejar nuevas situaciones". Ahora bien, razón aparte y teniendo en cuenta que se ha derrochado un montón de energía intentando demostrar que los animales razonan todas estas habilidades se pueden encontrar en formas más básicas de vida. De ahí que no sea sorprendente encontrar a Darwin diciéndonos que "los animales tienen un intelecto de diferentes proporciones" y que "las facultades intelectuales del hombre han sido en su mayoría gradualmente perfeccionadas a través de la selección natural…" Similarmente, se nos dice que las motivaciones y creencias del hombre tienen su origen en el "subconsciente", término que tiene innumerables definiciones y que es definido como un tipo de "deposito de memoria evolutiva". Se nos dice además que las últimas motivaciones del hombre son la búsqueda de seguridad, placer, o lo que ellos llaman "propia activación" mediante la confluencia de "metanecesidades". La verdad es lo que es verdadero para el individuo; la belleza es lo que da placer; el amor es el cumplimiento de las "necesidades biológicas". A costa de negar tanto la lógica como la experiencia, todo lo que es cualitativo en el hombre es declarado estar genéticamente determinado es decir, determinado por la evolución y de aquí que sea reducido a lo mensurable y de este modo a la materia. Todo cae bajo esta égida. Rousseau sostenía que el hombre salvaje progresaba hacia el hombre "civilizado". Huxley dio a esta progresión su bendición científica. "La gran progresión de la naturaleza es de lo informe a lo que tiene forma de lo inorgánico a lo orgánico de la fuerza ciega al intelecto consciente y a la voluntad". Si se aceptan estas premisas es fácil ser persuadido a que el hombre no es sino una forma superior de materia y que Supermán viene de camino. Aquellos que piensan de otra manera son despachados como "soñadores" -como si la materia pudiera soñar- así como quienes con todos sus esfuerzos no producen nada materialmente beneficioso.

[Los científicos creen en la Evolución con una fe ciega, como un verdadero credo quia incredibilis. Esto se debe distinguir del concepto Católico de fe (en Hindú sraddha) que es como "un consentimiento del intelecto a una proposición creíble de la cual no hay disponible ninguna prueba empírica -como Sto. Tomás de Aquino dice: "Ad fidem duo requiruntur, s. quod credibilia proponantur, et assensus". Summa V.II.II nota y 22.6].

Dejemos una cosa bien clara. Uno no puede creer lógicamente en la evolución y también creer en Dios. Todo científico y todo teólogo que se precie admitirá esto. Habréis oído hablar mucho de la evolución teística o mitigada la idea de que Dios actúa a través de la evolución. Si éste fuera el caso, entonces Dios estaría muy disgustado con todo aquel que interfiriera en la selección natural. Cómo nos atrevemos a tratar al niño enfermo o alimentar al pobre y al hambriento. Estas no son sino formas naturales de eliminar a los débiles. Cómo nos atrevemos a detener las guerras cuando son sumamente exitosas para controlar la explosión demográfica. Afrontémoslo. Sería estúpido rezar a un Dios cuya única respuesta a la oración sería: "dejad que la selección natural solucione vuestros problemas". Ningún científico propuso nunca la idea de que Dios actuaba a través de la evolución. Tampoco los teólogos. Y ¿por qué? Porque querían aparentar que estaban al día y que eran científicos.

Bien, hemos pasado mucho tiempo con el tema del credo de la evolución en el caso de no ver a las Antiguas Enseñanzas como una auténtica fuente de verdad, a menos que abandonemos nuestra supersticiosa creencia en la evolución y el progreso. Por definición, ningún proceso evolutivo puede darnos autenticidad y por descontado esto es razonable. Después de todo, un proceso evolutivo es un proceso cambiante y algo que sea espiritualmente auténtico no puede cambiar.Como cabe esperar las Antiguas Enseñanzas son unánimes al declarar que toda la creación es el resultado de la actividad de Dios y no de la evolución. La Iglesia insiste en una creatio ex nihil, y los Vedas enseñan que "el ser es engendrado por el no ser". Y ellas son aún más claras al especificar que el hombre, la sociedad y sobre todo la verdad, no están sujetos a ningún proceso evolutivo.

Volvamos a nuestro graduado de la Universidad, quien se ve en este tema y cuando se mira a sí mismo como hecho a imagen de una ameba. Habiendo ya tratado las premisas fundamentales de su credo, ¿qué podemos decir de su forma de adoración? Para el hombre moderno ningún culto ninguna forma de adoración es posible a menos que sea la adoración del materialismo o de ese "ego" menor al cual nos referimos cuando nosotros llamamos a alguien "egoísta". Aparte del "proceso evolutivo" o del "hombre", que es su más grande producto, ¿qué más hay que adorar? Como dijo Karl Marx: "el Humanismo es la negación de Dios y la total afirmación del hombre". Este es, entonces, el fundamento del "humanismo" moderno.

Finalmente, llegamos al código. Aquí, la regla es la conveniencia. Todo está permitido con tal que no se hiera al otro pero de hecho el propio interés es el que normalmente toma precedencia. Consideremos el adulterio y ciertamente no es un fenómeno raro en nuestra sociedad. Cuando dormimos con la esposa de nuestro vecino, proclamamos abiertamente que tal actividad entre adultos que lo consienten, no hiere a nadie. Pero ¿qué pasa con la parte a la que se ofende? O también, decimos que el "aborto" no hace daño a nadie y rápidamente proclamamos que el feto no es "nadie".

Esto es entonces el Anticredo, el Anticulto y el Anticódigo del hombre moderno. Podemos resumirlo como Progresivo, Evolucionista, Antropocéntrico o "centrado en el Hombre" y Vacío de principios metafísicos. Lo que es de interés es que la mayor parte de las organizaciones religiosas hayan adoptado esta weltenshaung o "visión mundial". Aún a riesgo de ofender a ciertos Católicos, permitidme decir que tales son precisamente los principios que aceptó el Vaticano II y que forman el fundamento de la Iglesia postconciliar. Las Antiguas Enseñanzas lo que los hindúes llaman Sanâtana Dharma, lo que S. Agustín llamó "Sabiduría increada, la misma ahora como siempre y que siempre será", son unánimes oponiéndose diametralmente a tales actitudes. Ellas no son progresivas, sino más bien estáticas, y aún cuando el pecado pueda cambiar su estilo, nunca puede cambiar su naturaleza. De hecho, ellas son antiprogresivas, porque sostienen que el hombre ha caído desde su alto estado anterior. Nacido en la Edad de Oro, en el Jardín de Edén, los hombres que viven en el Kali Yuga o en "los últimos días" están degenerados. De nuevo, las grandes Tradiciones son unánimes al declarar que toda la creación es el resultado de la acción directa de Dios ex nihilo, como dicen los Católicos, "ser engendrado por el noser" como dicen los Vedas; y ellas son unánimes al proclamar que el hombre es creado, no a imagen de una ameba, sino a imagen de Dios. Todas son Teocéntricas más que Antropocéntricas; todas enseñan que el hombre como tal no puede ser nunca una fuente segura de verdad, que la dignidad del hombre no está en sus habilidades para valerse por sí mismo, sino mas bien en su adherencia a la verdad divina. Finalmente, todas proclaman y pueden demostrar que están basadas en sólidos principios metafísicos o sea, en una doctrina consistente que no solo se ocupa de la experiencia cuantitativa y condicionada, sino también de la posibilidad universal. Los dos extremos son como el aceite y el agua. No se pueden mezclar. Aceptar uno es rechazar el otro. ¿En qué conjunto fundamental de ideas vamos a encontrar la verdad y la autenticidad?


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MensajeTema: Re: Antiguas creencias o modernas supersticiones. La búsqueda de la autenticidad   Vie Oct 28, 2011 2:56 pm

III

Volviendo a las Antiguas Enseñanzas, encontramos que lo más chocante que tienen en común todas las Religiones es que afirman correctamente o no estar basadas en una Revelación lo que los hindúes llaman Sruti. En algún momento, Dios un Avatar o un Mensajero apareció sobre la Tierra y dio al hombre un Credo, un Culto y un Código específicos o usando la terminología oriental: una Doctrina y un Método. Además, todas ellas sostienen que la Revelación es fija, completa e inalterable. Los Vedas fueron fijados una vez y para siempre. Pueden darse nuevas intuiciones en las enseñanzas de Buda, pero el Buda no está dando a sus seguidores una continua revelación una revelación que evoluciona y progresa con el curso del tiempo. Mohammed es llamado el "último de los Profetas," por lo que entendemos que él ha dado la última y final revelación dentro de la línea Abrahámica. Los Musulmanes no sostienen que el Arcángel Gabriel esté todavía revelando pasajes del Corán. La Torah puede ser interpretada, pero Moisés no nos está enviando actualmente ningún mensaje. Se debería tener en cuenta que ninguno de los grandes fundadores de religiones proclamó estar descubriendo o revelando nuevas verdades. Jesús habló de dar cumplimiento, no de cambiar la Ley y proclamó que él enseñaba, no su propia doctrina, sino la de su Padre. El Buda dijo que él mismo "seguía solamente el antiguo camino" y añadió que "quienquiera pretenda que yo predico una doctrina creada por mi propio razonamiento y argumentación será expulsado". Mohammed proclamaba estar volviendo a la religión de Abraham. Y Krishna nos dijo en el Bhagavad Gita que él bajaría a la Tierra cuando el Dharma disminuyera.

Las Religiones tienen otro criterio en común. Sus revelaciones son a menudo de alguna forma elípticas o así aparecen ante nuestros oscuros intelectos. De ahí que las religiones provean intérpretes oficiales como los Santos o Sabios. Los Hindúes tienen lo que se llama Smriti al igual que los escritos de individuos como Sankaracharya por no decir nada del Kanchi Gurú, que es su descendiente "viviente". Los Musulmanes tienen los comentarios sobre el Corán, como los de Ibn Arabí y de todos los Gazali. Los Judíos tienen los Haftoras al igual que sus Rabíes los autorizados a dar interpretaciones actuales. Los Cristianos tienen a los Padres de la Iglesia, a los Doctores y lo que se llama el "Magisterio Doctrinal". Y lo que caracteriza la autenticidad de todas estas fuentes vivientes es que sus enseñanzas no parten de ninguna manera de sus predecesores, sino que, en última instancia, parten de la Revelación original.

Otro aspecto fijado por la Revelación es el culto. Las formas de culto de una religión nunca son creadas por el hombre. Están determinadas por Dios o por Su representante. Consideremos el Agnihotra o el sacrificio védico del fuego que algunos de vosotros habéis tenido el privilegio de ver aquí. ¿Creéis que éste fue inventado por unos pocos ancianos en el bosque lo que hoy en día llamaríamos un concilio de teólogos deseando engañar a los pobres campesinos para despojarlos de su duramente ganado dinero, o para aplacar el rayo? Y lo mismo de las oraciones usadas por los Musulmanes y de la verdadera y antigua Misa Católica. Similarmente con respecto al Código sagrado. Es el mismo Cristo quien determinó que el divorcio estuviera prohibido a sus seguidores aunque estaba permitido a los Judíos. La práctica de Mohammed y sus decisiones judiciales junto con el Corán, proporcionan la base de la ley Musulmana. Las Leyes de Manu no fueron hechas por una conferencia de hombres de negocios, abogados y políticos.

La misma palabra "religión" significa aquello que "liga", aquello que nos liga al origen y al centro. Por esto una religión intacta es siempre tradicional, ya que la tradición significa comunicar o transmitir. Y qué otra cosa se transmite sino la revelación original. Por eso todas las religiones hablan de Ortodoxia y Herejía ¡oh, como odiamos estas palabras nosotros los modernos! La Ortodoxia se define como pura fe y sana creencia aquélla que está conforme con la revelación original. La Herejía es una salida de aquélla como resultado de "escoger y coger", lo que queramos o no queramos creer. La herejía, como dicen los Budistas, es como un gusano en el corazón de un león.Otro hecho importante es que no hay doctrinas secretas en las religiones. Hay enseñanzas que no son fácilmente asequibles, o que son parafraseadas con formas oscuras para evitar "que los cerdos pisen las perlas", pero ellas no son secretas como tales. Todos los textos sagrados de los Hindúes han sido publicados habría que saber sánscrito, pero ellas no están ocultas. Por supuesto, se necesitan ciertas cosas para acceder a estas fuentes. Se tienen que tener ciertas cualificaciones intelectuales y morales; se necesita una guía y de ahí un Gurú, y se necesita la iniciación, que es un acto ritual que nos liga al Avatar o al fundador de la religión y en última instancia a Dios. Ahora bien, si esto ofende nuestros prejuicios igualitarios, permitidme que os pregunte si vosotros permitiríais que una persona que no se hubiera formado con un maestro experto, llevara a cabo una operación de cirugía en vuestro cuerpo. Yo mas bien lo dudo. Ciertamente hay textos anatómicos y descripciones de operaciones publicadas en la literatura médica, pero aún así todavía se necesitan ciertas cualificaciones, un guía y una formación para acceder a éstas. ¿Por qué iba a ser diferente en la religión?

Debería estar suficientemente claro entonces que las religiones nos proporcionan CRITERIOS OBJETIVOS. Los Gurús y los Directores Espirituales no son juzgados sobre la base de sus personalidades carismáticas, sino en el grado en el que se conforman a la verdad de la religión en cuestión hasta el punto en que ellos mismos sean perfectos conductores o vehículos de la verdad. Cada acto ritual por parte del sacerdote Católico es "in persona Christi". Nos confesamos, no al padre Bob, sino a Cristo. Es Cristo quien en la persona del sacerdote efectúa la Consagración en la Misa.

Las religiones no solo nos proporcionan CRITERIOS OBJETIVOS. Si no que además, todas ellas comparten toda una visión del hombre que es bastante diferente de aquella visión del moderno psicólogo. Permitidme ilustrar esto con el siguiente diagrama.

Intelecto Revelación

Premisa………RAZON (lógica)………Conclusión

Sentimiento Fenómenos mensurables

Las premisas que la razón usa pueden derivarse de cuatro posibles fuentes: los Fenómenos Mensurables (ciencia), los Sentimientos, el Intelecto y la Revelación. Estas fuentes son además tanto externas como internas; tanto superiores como inferiores. El juicio o discernimiento es parte de la intelección y por lo tanto puede llegar a una conclusión razonada para determinar si es verdad o no. Sin embargo nuestros intelectos están oscurecidos debido a la "Caída", y de ahí que necesitemos la Revelación. Está claro en este diagrama que tanto la intelección como la Revelación están en un orden superior al de la Razón.

Los psicólogos modernos nos dicen que la Razón es el mayor producto del proceso evolutivo. Entonces está claro que la verdad no depende de la razón. Nosotros no decimos que algo es verdad porque es lógico, sino mas bien que algo es lógico porque es verdad. Esto presupone una facultad de juicio aún superior, o, usando el término de Sto. Tomás de Aquino, el "discernimiento". Los filósofos modernos intentan solucionar el problema hablando de "principios racionales", pero olvidan que los principios nunca pueden derivarse de la lógica discursiva. La razón no puede probar su propia validez, ya que los principios deben ser intuitivamente y suprarracionalmente comprendidos. Como dijo Aristóteles: "uno no debe demostrar los principios, sino que uno percibe directamente de ellos la verdad…" Usando la terminología escolástica, es el puro intelecto el que es el habitus principorum, mientras la razón es solamente el habitus conclusionum. Así el hombre posee razón y con ella el lenguaje, porque, al contrario de los animales, solo él tiene acceso en principio a la visión supraracional. La visión suprarracional, la intelección o la intuición que el hombre tiene no solo dan discernimiento, sino también certeza: certeza de su propia existencia como ser, confianza en la capacidad funcional de la razón, la habilidad para discriminar entre lo que es real y lo que no lo es, entre lo que es verdad y lo que es falso. La intelección es una forma de "ver" de ver con el "tercer ojo" y no una conclusión, y ella es la que le da al hombre la posibilidad de la certeza metafísica.

Debería quedar claro que el intelecto no tiene nada que ver con la agilidad mental. Esta es bien evidenciada por lo que los psiquíatras llaman sabios idiotas gente que puede funcionar como un ordenador, pero que son incapaces de pensar, mucho menos de intelección. Pero si todos los hombres están dotados de intelecto, ¿por qué ocurre que todos no ven claramente? Las diversas religiones contestan a esto de diferente manera. El Cristianismo y las religiones Semíticas ven al intelecto como "nublado" y a la voluntad como "debilitada" por la Caída. Esto no significa que el hombre esté privado de ambos, sino solo que ambos no funcionan tan bien como debieran. El Hinduismo explica la misma situación mediante lo que se llama Maya y define el pecado en términos de ignorancia. Por esto precisamente es por lo que se necesita la Revelación. Adán o el hombre que vivía en la Edad de Oro, no necesitaba revelación, ya que su intelecto estaba claro y "caminaba y hablaba con Dios". Nosotros, sin embargo, especialmente conforme nos acercamos al final del Kali Yuga, necesitamos desesperadamente una guía, y esto es precisamente por lo que existe la Revelación.

Si las religiones proporcionan al hombre criterios objetivos, ellas también sostienen que el hombre es capaz de objetividad. El hombre es capaz de usar su intelecto para determinar lo que es objetivamente real y para discriminar entre esto y lo que es ilusorio. Esto requiere por su parte un cierto acto de voluntad. El hombre debe elegir aceptar estos criterios objetivos o rechazarlos y debe sufrir las consecuencias que se deriven de esta elección. Con la libertad viene la responsabilidad. Esta habilidad de inteligir y de elegir son cualidades que el hombre comparte con Dios y por eso se dice que el hombre está hecho a "imagen de Dios". Usándolas correctamente "participamos" en la vida divina. El hombre moderno, viéndose a sí mismo como hecho "a imagen de una ameba", no cree que sea posible conocer la verdad o a Dios que es la esencia de la verdad, y mucho menos desearlo. De ahí que él no crea que sea responsable de nada más que de sus compañeras amebas. Y esto nos lleva a otro principio que todas las religiones tienen en común. El hombre es responsable, y por ello cuando muera será recompensado o castigado según cómo haya usado su intelecto y su libre albedrío. Este principio es inculcado de diferentes maneras. Las religiones Semíticas hablan del Cielo y el Infierno. El Hinduismo habla de la transmigración del alma, de la necesidad de "nacer otra vez miles de veces en miles de mundos antes de que una vez más reciba esa oportunidad central que es la oportunidad del hombre para alcanzar môksha o la Liberación. El Budismo describe esto como "la Rueda de la Existencia" (Samsâra).

De nuevo, todas las religiones están de acuerdo en que en el hombre hay una jerarquía en la que lo superior debe gobernar sobre lo inferior y en la que en última instancia el Âtman debe gobernar sobre el ego y las diferentes pasiones. Como el Bhagavad Gita enseña, es Krishna quien debe controlar y conducir el carro para que los caballos apasionados y desbocados no corran enloquecidos. Diciéndolo de otra forma, todas las religiones abogan por una vida espiritual cuyo objetivo es la santificación del individuo. Todo esto se refiere al hecho de que las religiones inculcan un estricto código moral, no como un fin en sí mismo, sino como un predispositivo hacia la verdad y hacia el propio fin del hombre.

También se ve claramente que las religiones están de acuerdo en la necesidad de la oración para santificar nuestras vidas. No solamente la oración individual cuyo propósito es obtener favores particulares y purificar el alma, sino también oraciones que expresan la gratitud del hombre, la resignación, el arrepentimiento, la resolución y la alabanza. Siempre hay algo por lo que dar las gracias. La resignación es la aceptación de antemano del no cumplimiento de alguna petición; el arrepentimiento o la contrición es la petición de perdón; y la resolución el deseo de remediar una transgresión. La alabanza significa no sólo que nosotros relacionamos cada valor con su Fuente de origen última, sino también que vemos cada prueba en términos de su necesidad y utilidad.

Otra forma de oración es la meditación, donde el contacto entre Dios y el hombre se hace uno entre la inteligencia y la verdad. Mientras la oración es subjetiva y volitiva, la meditación es objetiva e intelectual en el lenguaje del Vedanta se llama Vichâra o "investigación" que lleva a vivêka o a la discriminación entre lo que es real y lo que no lo es. Pero el individuo que sigue el camino de la meditación lo hace dentro de un medio cultural de una tradición dada que le proporciona oraciones canónicas y que presupone todas las actitudes que implican la oración volitiva como un especie de sustrato. Japa Yoga o la invocación del Nombre divino abarca todas estas actitudes.

Todas las religiones se hallan vinculadas con un centro u origen anterior, con una época de oro en la que el fundador "caminaba sobre la Tierra", una especie de Ram Râj, y de ahí que ellas vean la era presente como una caída o degeneración. En vista de esto entonces, no es sorprendente que ninguna de las religiones sea utópica. Sin embargo uno debe de hacer distinciones, ya que todas las religiones ven la vida del hombre sobre la tierra como una vida modelada sobre un modelo divino precisamente para que nuestra estancia o exilio aquí abajo pueda ser tal que nos dirija y nos lleve a una vida superior. Aquí llegamos a otro punto importante. El hombre moderno y el genio cúltico si puedo utilizar tal frase sueña con crear una sociedad perfecta en la tierra, una sociedad que sea como T. S. Eliot dijo: "tan perfecta que nadie necesitará ser bueno". El hombre moderno se ha, por así decirlo, "reorientado" a sí mismo y en vez de mirar "hacia arriba", mira "hacia adelante". Las religiones saben que una utopía terrenal es un sueño absurdo. Incluso en el Jardín del Edén estaba la Serpiente o como las Escrituras nos dicen "solo Dios es bueno". El error fundamental de los imbuidos del imperativo utópico es su fe mecanicista por la que creen que si se cambia la naturaleza de la sociedad, cambiará la naturaleza del hombre. Pero cada hombre es un reino en sí mismo y debe elegir si desea o no desea conformarse a esa imagen con la que fue creado. Aún así todo esto no significa que el hombre no deba, en conformidad con su naturaleza y con el simple sentido común, intentar vencer a los demonios que se encuentre a lo largo de su vida esto no hace falta que requiera preceptos, ni divinos ni humanos. Exponiéndolo con simpleza, no se necesita ser un sabio para saber cobijarse de la lluvia. Pero intentar establecer un cierto estado de bienestar en relación a Dios es una cosa, y querer instituir un estado perfecto de felicidad sobre la tierra fuera de Dios es otra cosa muy diferente. En cualquier caso, el último objetivo mencionado está predestinado a fracasar, precisamente porque la eliminación de nuestras miserias no depende de nosotros mismos, sino de nuestra conformación al Equilibrio divino y de que establezcamos el Reino de Dios en nuestras propias almas. Mientras el hombre no haya realizado una "esencia" santificadora, la abolición de las desgracias terrenales, como el dolor, la enfermedad, la ancianidad y la muerte, será algo imposible, como el Buda enseñó. Pero no sólo es imposible, no es ni siquiera deseable, porque el pecador hombre exteriorizado tiene necesidad del sufrimiento para expiar sus faltas y para apartarse del pecado, para escapar de esa misma "exterioridad" de la que deriva el pecado. Desde el punto de vista espiritual el único que tiene en cuenta la verdadera causa de nuestras calamidades, una sociedad "perfecta" en el sentido mundano, una sociedad con el máximo de comodidades y con la así llamada "justicia social", sería, si los fines últimos del hombre fueran frustrados, una de las sociedades más perversas que se puedan concebir. Aquellos que sueñan con liberar al hombre de sus viejas "frustraciones", son, de hecho, los que están imponiéndole la más radical e irreparable de las frustraciones. La Civitas Dei y el progreso mundano considerado por el hombre moderno nunca podrán unirse.

¿Por qué tipo de orden social abogan las religiones? Básicamente por uno diseñado por los Dioses venga a nosotros Tu Reino el Ram Râj jaya. Tal no es el capitalismo, y ciertamente que tampoco el socialismo. Por el contrario, todas las tradiciones imaginan un orden social que los economistas modernos describirían como "distributismo" o, como a mí me gusta llamar, "suficientismo" es decir, la más amplia distribución posible de la propiedad privada, proporcionando a la gente lo suficiente para vivir con la dignidad apropiada a su estado de vida. Sin propiedad privada no puede haber libertad. La usura, que está en el corazón de la economía moderna, está prohibida en toda tradición religiosa. También imaginan una sociedad noindustrial, en la que el artista no es una clase de persona especial, sino que cada persona es un tipo especial de artista. La gente estaba organizada en gremios que funcionaban no solo para proteger a sus miembros, sino también para exigir un alto standard de producción. El término "obra maestra" se aplicaba al trabajo que un aprendiz producía al final de su período de aprendizaje y que si era juzgada buena por el gremio, se le permitía entonces abrir su propia tienda.

Las religiones están también de acuerdo en otros puntos. Todas están de acuerdo en considerar a la familia como la estructura básica de la sociedad. Los Católicos la imaginan como una miniiglesia donde el padre tiene como su ejemplo a Dios. Como Arjuna dice en el Gîtâ: "con la destrucción de una familia, la familia inmemorial de las tradiciones se deteriora; con el deterioro de las tradiciones el desorden triunfa sobre la familia entera… el domicilio de los hombres cuyas costumbres familiares estén extinguidas estará para siempre en el infierno". Esta es una de las razones por la que varias religiones rodean al acto sexual de tantos tabúes o restricciones. Ésta sin embargo no es la única razón por la que fundamentalmente el acto sexual es visto como un acto sagrado, como un acto en el que se imita a los Dioses. Todas las Antiguas Enseñanzas insisten en una estricta moralidad no como un fin en sí misma, sino como una predisposición con los propios fines del hombre. Igual que él tiene la "libertad" de pensar por sí mismo, así también tiene la libertad de "actuar por sí mismo". Pero él no tiene "derecho" a comportarse mal, y cuando lo hace, él pierde su dignidad el hombre solo se dignifica cuando se conforma a la imagen divina. Faltándole esto se comporta como un animal.

Las religiones presentan otra característica. Ellas son exclusivas. Todas ellas afirman proporcionar a la humanidad todo lo necesario para salvar sus almas o para conocer su verdadera naturaleza. Sin embargo muchas de ellas pueden apreciar y/o admitir que otras religiones tienen elementos de verdad, pero ellas son claramente antisincréticas. Ninguna de ellas aboga por la creación de una religión mundial. Y hay buenas razones para ello. Inevitablemente cualquiera que intente sincretizar las religiones, abandona la objetividad y da rienda suelta a sus sentimientos personales y se convierte en su propio juez de la verdad. Si vamos a permitir que el sincretismo actúe libremente, entonces acabaremos todos bebiendo vino como los Cristianos y teniendo cuatro esposas como los Musulmanes. No hay mandato divino o celestial para tal proposición. Junto a esta actitud antisincrética hay otra de igual importancia. Es necesario aceptar la totalidad de cualquier religión. Uno no puede ser medio Musulmán uno no puede aceptar los Hadiths del Profeta Mohammed y rechazar el Corán. De forma similar, el Catolicismo enseña que rechazar un punto de la verdad revelada es rechazar todo el conjunto de la Revelación. Uno no puede picar allí y allá.

Una última cuestión: ¿hay antiguas enseñanzas disponibles para nosotros aparte de las grandes religiones? La respuesta es tanto sí como no. Sí en el sentido de que uno podría recurrir a la Antigua religión Egipcia. Pero no en el sentido de que no tendría acceso a la totalidad de esa religión y porque toda religión exige una participación ritual como prerequisito para la participación de la Verdad.

Y de esta forma, volvemos a nuestra tesis original: las Antiguas Enseñanzas o las Modernas Supersticiones la Búsqueda de la Autenticidad. Hemos demostrado que las revelaciones nos proporcionan criterios objetivos y que el hombre es capaz de objetividad. Tenemos básicamente tres alternativas abiertas ante nosotros. O bien hay una verdad objetiva absoluta fuera de nosotros mismos, o bien una verdad subjetiva relativista sacada de nuestro interior, o bien una mezcla de las dos. Si aceptamos la verdad objetiva y usamos nuestra habilidad innata para discernir entre lo que es real y lo que es irreal, nos vemos forzados a volver a las Antiguas Enseñanzas como incorporadas en las Grandes Tradiciones Religiosas. Simplemente no hay otra fuente de origen objetiva. Si declaramos que nosotros mismos somos la fuente de lo que es verdad para nosotros, o picamos aquí y allá entre esto y la anterior alternativa, aceptando solamente aquellas Antiguas Enseñanzas que nos gustan, entonces nos situamos en la postura de un médico que se trata a sí mismo o en la postura de un abogado que es su propio abogado. Sin embargo, ya que no estamos tratando ni con nuestra salud física ni con nuestro dinero, sino con nuestra alma, esencialmente estamos declarando que seremos nuestros propios guías espirituales. Hay un antiguo dicho oriental que dice que quien se tiene a sí mismo como su guía espiritual, tiene a Satán como su gurú. La última alternativa es, como los apologistas Católicos solían decir, una situación en la que "Todo hombre se convierte en su propio papa".

Una última advertencia: cuando nos ocupemos de las Antiguas Enseñanzas, debemos estar absolutamente seguros de que es a las Antiguas Enseñanzas a las que accedemos. Así, con respecto al Hinduismo, no podemos esperar que traducciones hechas por académicos formados en una visión escéptica y positivista del moderno Occidente, y no familiarizados con la teología Cristiana, produzcan metafísicamente fieles trabajos en los que se pueda confiar. El comentario también se aplica a muchos traductores hindúes que han sido formados en las mismas fuentes de origen occidental. Lo mismo se aplica al Catolicismo y a cualquier otra religión. Uno no puede ya encontrar verdadera doctrina Hindú en los escritos de Krishnamurti y de Aurobindo, como uno no puede encontrar verdadera doctrina Católica en los escritos de Hans Küng y Karl Rahner.

El tema de este Simposium es Las Antiguas Enseñanzas y el Desarrollo del Potencial Humano del año 1990. He tratado de proporcionarles algunos fundamentos comunes para llegar a lo que virtualmente abogan las Antiguas Enseñanzas. No he dicho nada del "desarrollo del potencial humano". Ahora bien, desde el punto de vista de las Antiguas Enseñanzas el hombre está situado en este mundo para que pueda conocer jñâna, amar bhakti y servir karma a Dios, y de este modo salvar su alma môksha. El desarrollo del potencial humano solo puede seguir dos rumbos alternativos. O bien el hombre se conforma a la imagen con la que fue creado y, como los primitivos Padres de la Iglesia decían, alcanzar así la "divinización", y esto es a lo que las Antiguas Enseñanzas y los Métodos le ayudan a conseguir; o bien se hace a sí mismo la fuente de ambos, doctrina y método, permaneciendo atado a su orgulloso ego y dando validez a su propia experiencia psicológica, se condena a sí mismo a una perpetua migración a través de interminables infiernos samsáricos. Nuestro potencial humano puede ser resumido en dos simples alternativas: Santidad o Condenación, Môksha o el interminable ciclo de la existencia, Cielo o Infierno En último análisis, nada más importa.

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(La Verdad lo vence todo)

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