Teismo - Ateismo

Diálogo entre quienes se identifican con lo Trascendente y aquellos que asumen posturas filosóficas materialistas
 
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 Qué es Civilización? 2ª parte

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Joselia
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MensajeTema: Qué es Civilización? 2ª parte   Lun Oct 10, 2011 4:04 pm

¿QUÉ ES CIVILIZACIÓN?

ANANDA K. COOMARASWAMY

2ª Parte

Así pues, en la Ciudad de Dios humana que estamos considerando, como un modelo político, los poderes sensoriales y discriminativos, por así decir, forman un cuerpo de guardia por el que la Razón Real es conducida a la percepción de los objetos sensibles, y el corazón es la sala de guardia donde reciben sus órdenes (Platón, Timeo 70B, Filón, Opif. 139, Spec. IV.22, etc.). Estos poderes —aunque se les llama Dioses,16 Ángeles, Eones, Maruts, R·is, Soplos, Daimones, etc.— son el pueblo (vi§a, la población, etc.) del reino celestial, y se relacionan con su Capataz (vi§pati) como la hueste con su Mayor o los ministros con su Rey; son una tropa de "los Propios del rey" (svO), por los cuales el Rey está rodeado como por una corona de gloria —"sobre cuya cabeza los Eones son una corona de gloria que emite rayos" (Coptic Gnostic Treatise XII), y "por "tu gloria" yo entiendo los poderes que forman tu cuerpo de guardia" (Filón, Spec, I.45).17 Se trata enteramente de una relación de lealtad feudal, donde los súbditos traen el tributo y reciben la largueza —"Tú eres nuestro y nosotros somos tuyos" (ôg Veda VIII.92.32), "Seamos nosotros tuyos para que tú nos des el tesoro" (ídem V.85.8, etc.).18
Lo que no debe olvidarse nunca es que todos "nuestros" poderes no son nuestros "propios", sino poderes y ministros delegados a través de los cuales se "ejerce" (otro sentido del griego teino) el Poder real; los poderes del alma "son sólo los nombres de Sus actos" (B¨hadOraöyaka Upani·ad 1.4.7, 1.5.21, etc.).19 No deben servir a su interés propio o al interés de otro —cuyo único resultado será la tiranía de la mayoría, y una ciudad dividida contra sí misma, hombre contra hombre y clase contra clase— sino servir a Aquel cuyo único interés es el del cuerpo político común. De hecho, en los numerosos relatos que tenemos de una contienda por la precedencia entre los poderes del alma, siempre se encuentra que ninguno de los miembros o poderes es indispensable para la vida de la ciudad corporal, exceptuados únicamente su Cabeza, el Soplo y el Espíritu inmanente.

Así pues, de la misma manera que un hombre trae las ofrendas sacrificiales a un altar, la vida justa y natural de los poderes del alma es precisamente su función de traer tributo a su cabeza fuente, a saber, la mente y verdadero Sí mismo que ejerce el control, guardando para sí mismos sólo lo que queda. La tarea de cada uno es cumplir las funciones para las que está dotado por naturaleza, a saber, la tarea del ojo es ver, la del oído oír, etc., las cuales funciones son todas necesarias para el bienestar de la comunidad de la totalidad del hombre, pero deben ser coordinadas por un poder desinteresado que cuida de todas. Pues a no ser que esta comunidad actúe unánimemente, como un único hombre, trabajará en todo tipo de propósitos cruzados. El concepto es el de una corporación en la que los distintos miembros de una comunidad trabajan juntos, cada uno según su propia manera; y una tal sociedad vocacional es un organismo, no un agregado de intereses que compiten, y que, por consiguiente, constituirían un "equilibrio de poder" inestable.

Así pues, la Ciudad de Dios humana contiene dentro de sí misma el modelo de todas las demás sociedades y de una verdadera civilización. El hombre será un hombre "justo" (griego dikaios) cuando cada uno de sus miembros cumple su tarea propia y está sometido a la Razón gobernante que ejerce la providencia en beneficio de todo el hombre; y de la misma manera la ciudad pública será justa cuando hay acuerdo en cuanto a quien gobernará, y no hay ninguna confusión de funciones, sino que cada ocupación es una responsabilidad vocacional. Así pues, no donde no hay "clases" o "castas", sino donde cada uno es un agente responsable en algún campo especial.20 Una ciudad que carece de esta "justicia" (dikaiosynã) no puede llamarse una "buena" ciudad, como tampoco puede llamarse una buena ciudad si carece de sabiduría, sobriedad o coraje; y éstas cuatro son las grandes virtudes cívicas. Donde las ocupaciones son así vocaciones "se hará más, y se hará mejor, y con más facilidad que de ninguna otra manera" (República 370C). Pero "si el que por naturaleza es un artesano o algún tipo de comerciante, se deja tentar y envanecer por la riqueza o por su dominio de los votos o por su propia fuerza o por cualquier otra cosa, e intenta manejar los asuntos militares, o si un soldado intenta ser un consejero o un guardián, para lo cual no está dotado, y si estos hombres intercambian sus herramientas y honores, o si uno y el mismo hombre intenta manejar todas estas funciones a la vez, entonces, yo entiendo, y tú estarás conmigo en que este tipo de perversión y de aprendiz de todo y maestro de nada será la ruina de la ciudad"; y esto es "injusticia", (República 434B).

Así pues, la sociedad ideal se considera como un tipo de taller cooperativo en el que la producción ha de ser para el uso y no para el provecho, y donde se ha de proveer para todas las necesidades humanas, tanto las del cuerpo como las del alma. Además, si ha de cumplirse el mandato, "Sed perfectos como vuestro Padre en el cielo es perfecto", la obra debe hacerse perfectamente.21 Las artes no se dirigen a la ventaja de nada excepto la de su objeto (República 432B), y esto quiere decir que la cosa que se hace debe ser tan perfecta como sea posible para el propósito que se hace. Este propósito es satisfacer una necesidad humana (República 369B, C); y así el perfeccionismo requerido, aunque no está motivado "altruistamente", "sirve efectivamente" a la humanidad de una manera que es imposible donde los bienes se hacen para la venta más bien que para el uso, y en cantidad más bien que en cualidad. A la luz de la definición de la "justicia" por Platón, como ocupación vocacional, podemos comprender mejor las palabras, "Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os darán por añadidura" (San Mateo 6.33).

La filosofía india del trabajo es idéntica. "Sabe que la acción viene de Brahma. Aquel que en la tierra no sigue en su giro a la rueda que así gira, vive en vano; por consiguiente, sin apego a sus recompensas, haz siempre lo que debe hacerse, pues, ciertamente, el hombre gana así lo Último. No hay nada que yo necesite hacer, ni nada que alcanzar que no sea ya mío: y sin embargo, yo no me mezclo en la acción. Por consiguiente, actúa con miras al bienestar del mundo; pues todo lo que hace el superior, también lo harán otros; establecido el modelo, el mundo lo seguirá. Es mejor la propia norma de uno, por deficiente que sea, que la de otro, por bien que se haga; es mejor morir en el puesto propio de uno, pues el de otro está lleno de temor… Las vocaciones están determinadas por la propia naturaleza de uno.22 El hombre alcanza la perfección a través de la devoción a su trabajo propio. ¿Cómo?. Alabando en su trabajo propio a Aquel de quien procede la expresión de todos los seres y por quien es extendido (tatam, <tan) todo este universo. Es mejor hacer el trabajo propio de uno, incluso con sus faltas, que hacer bien el trabajo de otro; el que hace la tarea que su naturaleza propia dispone que haga no incurre en pecado; uno no debe abandonar nunca su vocación23 heredada".24

Por una parte, la tradición inspirada rechaza la ambición, la competición y los modelos cuantitativos; por otra, nuestra "civilización" moderna se basa en las nociones del progreso social, de la libre empresa y de la producción cuantitativa. La primera considera las necesidades del hombre, que "son pocas aquí abajo"; la otra considera sus apetitos, a los cuales no puede ponerse ningún límite, y cuyo número se multiplica artificialmente con la propaganda. Ciertamente, el manufacturero para el provecho debe crear un mercado mundial siempre creciente para los excedentes producidos por aquellos a quienes el dr. Schweitzer llama los "hombres sobreocupados". Fundamentalmente, es la obsesión del comercio mundial, que hace de las "civilizaciones" industriales una "maldición para la humanidad", y la obsesión del concepto del progreso industrial, "en línea con la empresa de la civilización manufacturera", lo que ha provocado y provocará el surgimiento de las guerras modernas; sobre este mismo miserabilizado suelo han crecido imperios, y por esta misma codicia inclemente han sido destruidas innumerables civilizaciones —por los españoles en Sudamérica, por los japoneses en Korea y por "las sombras blancas en los Mares del Sur".25

El dr. Schweitzer mismo escribe que "es muy difícil llevar a su plenitud una colonización que signifique al mismo tiempo una verdadera civilización… La edad de la máquina ha traído a la humanidad unas condiciones de existencia que hacen difícil la posesión de una civilización…26 La agricultura y la artesanía son el fundamento de la civilización… Siempre que el comercio de la madera es bueno, una hambruna permanente reina en la región de Ogowe…27 Ellos viven de arroz importado y de alimentos en conserva importados que compran con los ingresos de su trabajo… haciendo imposible con ello la industria hogareña… Como están las cosas, el comercio mundial que les ha alcanzado es un hecho contra el que nosotros y ellos somos impotentes".28

Yo no estoy de acuerdo con este cuadro de un deus, o más bien de un diabolus, ex machina, emparejado así con una confesión de impotencia.29 Ciertamente, si nuestro industrialismo y nuestra práctica del comercio son la marca de nuestra civilización, ¿cómo, entonces, osamos proponernos ayudar a otros a "alcanzar una condición de bienestar"?. El "peso" (de nuestra "incivilización") lo hemos hecho nosotros y pesa sobre nuestros propios hombros primero. ¿Acaso vamos a decir que debido a la "determinación económica" somos impotentes para sacudírnoslo de encima y ponernos derechos?. Eso sería aceptar la condición de "epígonos" de una vez por todas, y admitir que nuestra influencia sólo puede rebajar a los demás a nuestro nivel.30

Como hemos visto, en una verdadera civilización, laborare est orare. Pero el industrialismo —"el mammon de la in-justicia" (griego adikia)— y la civilización son incompatibles. A menudo se ha dicho que uno puede ser un buen cristiano incluso en una factoría; no es menos cierto que uno podría ser un cristiano aún mejor en la arena del circo. Pero ninguno de estos hechos significa que las factorías o las arenas sean instituciones cristianas o deseables. A nosotros no nos incumbe considerar si puede ganarse o no alguna vez una batalla de la religión contra el industrialismo y el comercio mundial; nuestra incumbencia es la tarea, no su recompensa; nuestra incumbencia es cerciorarnos de que en cualquier conflicto nosotros estamos del lado de la Justicia.31 Incluso como están las cosas, el dr. Schweitzer encuentra su mejor excusa para el gobierno colonial en el hecho de que en alguna medida (por pequeña que sea) tales gobiernos protegen a sus pueblos colonizados "del mercader". ¿Por qué no nos protegen a nosotros mismos (los "conejillos de indias" de un libro bien conocido) del mercader? ¿No sería mejor que, en lugar de pensar en las consecuencias inevitables del "comercio mundial", consideráramos su causa, y emprendiéramos la re-forma (wideraufbauen es una palabra de Schweitzer) de nuestra propia "civilización"? ¿O acaso los incivilizados van a pretender siempre sus "misiones civilizadoras?.

Reformar lo que se ha deformado significa que debemos tomar en cuenta una "forma" original, y eso es lo que hemos intentado hacer con el análisis histórico del concepto de civilización, basado en fuentes orientales y occidentales. Las formas son por definición invisibles para los sentidos. La forma de nuestra Ciudad de Dios es una forma "que existe sólo en las palabras, y en ninguna parte de la tierra; pero, al parecer, está guardada en el cielo para quien quiera contemplarla, y si la contempla, para habitarla; sólo puede ser vista por los verdaderos filósofos que dirigen sus energías hacia esos estudios que alimentan el alma más bien que el cuerpo, y que nunca se dejan arrastrar por las congratulaciones de las turbas ni por el aumento sin medida de su riqueza, que es la fuente de innumerables males,32 sino que más bien fijan sus ojos sobre su propia política interior, sin pretender nunca ser políticos en la ciudad de su nacimiento" (República 591E f).

¿No está Platón completamente acertado cuando propone confiar el gobierno de las ciudades "al remanente incorrupto de los verdaderos filósofos que han de soportar ahora el estigma de la inutilidad",33 o incluso a aquellos que están ahora en el poder, "si por alguna inspiración divina34 tomara posesión de ellos un genuino amor de la filosofía"? ¿y no está enteramente acertado cuando mantiene que "ninguna ciudad puede ser feliz nunca a no ser que su diseño lo hayan trazado esos pintores que hacen uso del modelo divino" (República 499, 500) —a saber, el de la Ciudad de Dios que está en el cielo y "dentro de vosotros"?35

Traducción: Pedro Rodea


NOTAS
16 O Hijos de Dios. Cf. Boehme, Sig. Rer. XVI.5 "Cada príncipe angélico es una propiedad de la voz de Dios, y lleva el gran nombre de Dios". Es con referencia a estos poderes que se dice que "Todos estos Dioses están en mí" (Jaimin´ya Upani·ad BrOhmaöa I.14.2), que "Todas las cosas están llenas de Dioses" (Thales, citado por Platón, Leyes 899 B) y que "Haciendo del Hombre (puru·a) su casa mortal, los Dioses le habitan" (Atharva Veda XI.8.18); por consiguiente, "Ciertamente está iniciado, aquel cuyos "Dioses dentro de él" están iniciados, a saber, la mente por la Mente, la voz por la Voz" etc. (Kau·´taki BrOhmaöa VII.4). No necesitamos decir que una tal multiplicidad de Dioses —"cientos y miles"— no es un politeísmo, pues todos son súbditos angélicos de la Deidad Suprema desde quien se originan y en quien, como a menudo se nos recuerda, nuevamente "devienen uno". Su operación es una epifanía (Kau·´taki Upani·ad II.12.13 —"Ciertamente, este Brahma brilla cuando uno ve con el ojo, y muere igualmente cuando uno no ve"). Estos "Dioses" son los Ángeles, o como los llama Filón, las Ideas, —es decir, las Razones Eternas. O Hijos de Dios. Cf. Boehme, Sig. Rer. XVI.5 "Cada príncipe angélico es una propiedad de la voz de Dios, y lleva el gran nombre de Dios". Es con referencia a estos poderes que se dice que "Todos estos Dioses están en mí" (Jaimin´ya Upani·ad BrOhmaöa I.14.2), que "Todas las cosas están llenas de Dioses" (Thales, citado por Platón, Leyes 899 B) y que "Haciendo del Hombre (puru·a) su casa mortal, los Dioses le habitan" (Atharva Veda XI.8.18); por consiguiente, "Ciertamente está iniciado, aquel cuyos "Dioses dentro de él" están iniciados, a saber, la mente por la Mente, la voz por la Voz" etc. (Kau·´taki BrOhmaöa VII.4). No necesitamos decir que una tal multiplicidad de Dioses —"cientos y miles"— no es un politeísmo, pues todos son súbditos angélicos de la Deidad Suprema desde quien se originan y en quien, como a menudo se nos recuerda, nuevamente "devienen uno". Su operación es una epifanía (Kau·´taki Upani·ad II.12.13 —"Ciertamente, este Brahma brilla cuando uno ve con el ojo, y muere igualmente cuando uno no ve"). Estos "Dioses" son los Ángeles, o como los llama Filón, las Ideas, —es decir, las Razones Eternas.
17 Debe recordarse el doble significado del griego stephano: (1º) como "corona" y (2º) como "muralla" de la ciudad; así pues, es al mismo tiempo una gloria y una defensa. "Los hijos son la corona de un hombre, las torres de la "ciudad"" (Homeric Epigrams XIII). De la misma manera el pali cèlikO, usualmente "turbante", es también una "muralla de la ciudad", como en Sa×yutta NikOya, II.182 nagaram… cèlikO-baddham.
La interpretación que hace Filón de la "gloria" tiene un equivalente exacto en la India, donde los poderes del alma son "glorias" (§riyah) y colectivamente "el reino, el poder y la gloria" (§r´) de sus poseedores reales; y por consiguiente, toda la ciencia del gobierno es la ciencia del control de estos poderes (Artha§Ostra I.6; ver mi Spiritual Authority and Temporal Power in the Indian Theory of Government, 1942, p. 86). Non potest aliquis habere ordinatam familiam, nisi ipse sit ordinatus [nadie puede tener orden en su familia, a no ser que lo tenga primero en sí mismo], San Buenaventura, De don. S. S. IV.10.V, pág. 475; y esto se aplica a todo el que se propone gobernarse a sí mismo, a una ciudad o a un reino.

18 Sobre bhakti ("devoción", o mejor quizás "lealtad", y literalmente "participación") en tanto que relación recíproca, ver mi Spiritual Authority and Temporal Power in the Indian Theory of Government, 1942, nota 5 y mi Hinduism and Buddhism, 1943, p. 20.
19 ""Yo" no hago nada, así debe saberse el hombre arnesado, el conocedor de la Realidad Última" (Bhagavad G´tO V.8*). "Yo no hago nada por mí mismo" (Juan 8.28, cf. 5.19). Pensar que ""yo" hago" (kartò' ham iti) o que ""yo" pienso"" es una infatuación, la oiãsis de Filón (Leg. Alleg. 1.47, 2.68, 3.33) y el abhimOna indio. La proposición Cogito ergo sum, es un non sequitur y un sin sentido; la verdadera conclusión es Cogito ergo EST, y se refiere al "que Es" (Damasceno, De fid. orthod. I; KaÊha Upani·ad VI.12; Milindapañha p. 73) y al único que puede decir "yo" (Maestro Eckhart, Pfeiffer, p. 261). Cf. las referencias en mi "îkimcaññO: la Anonadación de Sí mismo", New Ind. Antiquary 1940.
"Nichts anders stürzet dich in Höllenschlund hinein
Als das verhasste Wort (merk's wohl!): das Mein und Dein".

Nada será arrojado tan inmediatamente adentro de las fauces del Infierno como las detestables palabras (¡obsérvalas bien!) mío y tuyo [Angelus Silesius, Der Cherubinische Wandersmann v.238.]

20 En cuyo caso, cada ocupación es una profesión; es decir, no meramente una manera de ganarse la vida, sino una "manera de vivir", cuyo abandono es morir una muerte. "El hombre que ha cambiado de un trabajo a otro, fácilmente y sin que ello le moleste, no tiene ningún respeto profundo de sí mismo" (Margaret Mead, And Keep Your Powder Dry, p. 222).
21 Es un lugar común de la teoría medieval que el interés principal del artesano está centrado en el bien de la obra que ha de hacerse, y esto significa que debe ser al mismo tiempo pulcher et aptus [bella y apropiada]. Un texto budista que define las entelequias de los diferentes grupos vocacionales llama "trabajo perfecto" al del hogareño cuyo soporte es un arte (Anguttara NikOya III.363).
22 Sva-dharma = sva-karma, el to heautou pratein, kata physin de Platón. Dharma es un término grávido de significado, difícil de traducir en el contexto presente; cf. eidos en República 434A. En general, dharma (literalmente "soportes", dhr como en dhruva, "fijo", "estrella polar", y el griego thronos) es sinónimo de "Verdad". "No hay nada más alto" que este principio gobernante (B¨hadOraöyaka Upani·ad I.4.14); dharma es el "Rey del rey" (Anguttara NikOya I.109), es decir, el "Rey de reyes"; y no puede haber ningún título más alto que el de dharma-rOjO, "Rey de la Justicia". De aquí la designación bien conocida de la Realeza verdadera como DharmarOjO, que hay que distinguir de la personalidad del rey a la que es inherente la temporalidad. El "propio dharma" de uno es precisamente la "justicia" de Platón, es decir, el cumplimiento de la tarea para la que uno está equipado por naturaleza. De la misma manera, la Justicia (griego dikã, raíz sánscrita di§, "indicar") representa el Índice y el modelo último por el que debe juzgarse toda acción. Dharma es lex aeterna, sva-dharma lex naturalis.
23 Bhagavad G´tO III.15-35 y XVIII.18-48, ligeramente abreviado.
24 Para nuestra tradición, la procreación es una "deuda", y su propósito es mantener la continuidad de las funciones ministeriales en una sociedad estable (ver mi Hinduism and Buddhism, nota 146). Pues sólo así pueden conservarse las bases de la civilización.
25 Cf. mi "Am I my Brother's Keeper?", Asia and the Americas, marzo, 1943.
26 "La máquina… es el logro de que es capaz el hombre si confía enteramente en sí mismo —Dios ya no es necesario… Eventualmente… la máquina le transforma en una máquina a él" (Ernst Niekisch, citado por Erich Meissner en Germany in Peril, 1942).
27 "Cuando las naciones envejecen, las artes envejecen, y el comercio cuenta con cada árbol" (William Blake).
28 Albert Schweitzer, Zwischen Wasser und Urwald, citado en su My Life and Thought.
29 "Yo no tengo más fe que un grano de mostaza en la historia de la "civilización" futura, que ahora sé que está condenada a la destrucción: ¡qué alegría da pensar en ello!" (William Morris). "Pues por hombres civilizados nosotros entendemos ahora hombres industrializados, sociedades mecanizadas… Nosotros llamamos a todos los hombres civilizados, con tal de que empleen las mismas técnicas mecánicas para dominar el mundo físico. Y los llamamos así porque estamos seguros de que sólo el mundo físico es la única realidad, y de que como se somete a la manipulación mecánica, no cabe otra manera de comportamiento. Cualquier otra conducta sólo puede brotar de la ilusión, y es el comportamiento de un salvaje simple e ignorante. Haber llegado a este cuadro de la realidad es ser verdaderamente avanzado, progresista, civilizado" (Gerald Heard, Man the Master, p. 25). Y esto es también haber llegado a lo que se ha llamado propiamente un "mundo de realidad empobrecida" (Iredell Jenkins), y un mundo que sólo puede empobrecer a aquellos a quienes se lo comunicamos.
30 Cf. A. J. Krzesinski, Is Modern Culture Doomed? 1942, esp. la Introducción de Mons. G. B. O'Toole, y Znaniecki como se cita en la pág. 54, nota; y Eric Gill, It All Goes Together.
31 Quienquiera que posee una simple participación en cualquier empresa manufacturera para el provecho, en esa misma medida está tomando partido y en esa misma medida es responsable del comercio mundial y de todas sus consecuencias.
32 El cuerpo, por cuya causa deseamos la riqueza, es la causa última de todas las guerras (Fedón 66 C); y "la victoria fomenta el odio, porque los conquistados son infelices" (Dhammapada 201). El comercio mundial y la guerra mundial son males congenéricos. Todo lo que hemos dicho sobre el gobierno de los hombres y de las ciudades se aplicará, por supuesto, al gobierno del mundo por naciones cooperativas y desinteresadas. Todos los intentos de establecer "equilibrios de poder" deben acabar en guerra.
33 Nobleza obliga. En una ciudad que ha educado a "verdaderos filósofos", éstos deben a sus educadores el deber de participar en los asuntos cívicos; y de esta manera, en la teoría del gobierno tradicional, incumbe a los representantes de la autoridad espiritual supervisar y guiar a aquellos que ejercen el poder temporal; en otras palabras, les incumbe supervisar que apoyen el derecho, y que no se afirmen a sí mismos. Sobre la función de tales filósofos en la regeneración de la sociedad moderna, cf. Gerald Heard, Man the Master y Aldous Huxley, Ends and Means.
34 Supongo que en la historia de la crítica nunca se ha propuesto nada más necio que el comentario de Paul Shorey, "Pero nosotros no debemos atribuir ninguna superstición personal a Platón" (Loeb Library ed. p. 64). Deben esperarse solecismos tales como éste siempre que los nominalistas se ponen a exponer la doctrina de los filósofos realistas; ¿pero por qué se ponen a exponer filosofías en las que no creen?.
35 El trabajo que ha de hacerse es primariamente de purgación, para echar a los cambistas de dinero, a todos los que desean poder y oficio, y a todos los representantes de intereses especiales; y en segundo lugar, cuando la ciudad ha sido "limpiada", el trabajo que ha de hacerse es de imitación considerada de las formas de la justicia, de la belleza y de la sabiduría naturales, amén de otras virtudes cívicas; entre las cuales hemos considerado aquí la justicia, o como se traduce comúnmente la palabra dikaiosynã en los contextos cristianos, la rectitud.
Como dice Platón, puede ser muy difícil llevar a cabo un tal cambio de mente como el que se requiere si nosotros hemos de "progresar" en esta vía, pero también dice que "no es imposible"; y así, nosotros "no podemos cesar el Combate Mental… hasta que hayamos construido Jerusalén".


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