Teismo - Ateismo

Diálogo entre quienes se identifican con lo Trascendente y aquellos que asumen posturas filosóficas materialistas
 
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 Esencia y Apariencia

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AutorMensaje
Joselia
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Fecha de inscripción : 12/08/2011

MensajeTema: Esencia y Apariencia    Mar Sep 13, 2011 1:48 am

LIBRO X REPUBLICA

TEXTO1A
(595a-598d)

-Y por cierto -dije- que tengo en la mente muchas otras razones para suponer que la ciudad que fundábamos es la mejor que pueda darse; pero lo afirmo sobre todo cuando pongo mi atención en lo que toca a la poesía.
-¿Y qué es ello? -preguntó.
-Que no hemos de admitir en ningún modo poesía alguna que sea imitativa; y ahora paréceme a mí que se me muestra esto mayormente y con más claridad, una vez analizada la diversidad de las especies del alma.
-¿Cómo lo entiendes?
-Para hablar ante vosotros -porque no creo que vayáis a delatarme a los autores trágicos y los demás poetas imitativos-, todas esas obras parecen causar estragos en la mente de cuantos las oyen si no tienen como contraveneno el conocimiento de su verdadera índole.
-¿Y qué es lo que piensas -dijo- para hablar así?
-Habrá que decirlo -contesté-; aunque un cierto cariño y reverencia que desde niño siento por Homero me embaraza en lo que voy a decir, porque, a no dudarlo, él ha sido el primer maestro y guía de todos esos pulidos poetas trágicos. Pero ningún hombre ha de ser honrado por encima de la verdad y, por lo tanto, he de decir lo que pienso.
-Muy de cierto -dijo.
-Escucha, pues, o más bien respóndeme.
-Pregunta tú.
¿Podrás decirme lo que es en conjunto la imitación? Porque yo mismo no comprendo bien lo que esta palabra quiere significar.
-¡Pues si que, en ese caso, voy a comprenderlo yo! -exclamó.
-No sería extraño -observé-, porque los que tienen poca vista ven muchas cosas antes que los que ven bien.
-Así es -replicó-, pero, estando tú presente, no sería yo capaz ni de intentar decir lo que se me muestra; tú verás, por lo tanto.
-¿Quieres, pues, que empecemos a examinarlo partiendo del método acostumbrado? Nuestra costumbre era, en efecto, la de poner una idea para cada multitud de cosas a las que damos un mismo nombre. ¿O no lo entiendes?
-Sí, lo entiendo.
-Pongamos, pues, la que quieras de esas multitudes. Valga de ejemplo si te parece: hay una multitud de camas y una multitud de mesas.
-¿Cómo no?
-Pero las ideas relativas a esos muebles son dos, una idea de cama y otra idea de mesa.
-Sí.
-¿Y no solíamos decir que los artesanos de cada uno de esos muebles, al fabricar el uno las camas y el otros las mesas de que nosotros nos servimos, e igualmente las otras cosas, los hacen mirando a su idea? Por lo tanto, no hay ninguno entre los artesanos que fabrique la idea misma, porque ¿cómo habría de fabricarla?
-De ningún modo.
-Mira ahora qué nombre das a este otro artesano.
-¿A cuál?
-Al que fabrica él solo todas las cosas que hace cada uno de los trabajadores manuales.
-¡Hombre extraordinario y admirable es ése de que hablas.
-No lo digas aún, pues pronto vas a decirlo con más razón: tal operario no sólo es capaz de fabricar todos los muebles, sino que hace todo cuanto brota de la tierra y produce todos los seres vivos, incluido él mismo, y además de esto la tierra y el cielo y los dioses y todo lo que hay en el cielo y bajo tierra en el Hades.
-Estás hablando -dijo- de un sabio bien maravilloso.
-¿No lo crees? -pregunté-. Y dime: ¿te parece que no existe en absoluto tal operario o que el hacedor de todo esto puede existir en algún modo y en otro modo no? ¿O no te das cuenta de que tú mismo eres capaz de hacer todo esto en cierto modo?
-¿Qué modo es ése? -preguntó.
-No es difícil -contesté-, antes bien, puede practicarse diversamente y con rapidez, con máxima rapidez, si quieres tomar un espejo y darle vueltas a todos lados: en un momento harás el sol y todo lo que hay en el cielo; en un momento, la tierra; en un momento, a ti mismo y a los otros seres vivientes y muebles y plantas y todo lo demás de que hablábamos.
-Sí -dijo-; en apariencias, pero no existentes en verdad.
-Linda y oportunamente -dije yo- sales al encuentro de mi discurso. Entre los artífices de esa clase está sin duda el pintor; ¿no es así?
-¿Cómo no?
-Y dirás, creo yo, que lo que él hace no son seres verdaderos; y, sin embargo, en algún modo el pintor hace camas también. ¿No es cierto?
-Sí -dijo-; también hace una cama de apariencia.
-¿Y qué hace el fabricante de camas? ¿No acabas de decir que éste no hace la idea, que es, según conveníamos, la cama existente por sí, sino una cama determinada?
-Así lo decía.
-Si no hace, pues, lo que existe por sí, no hace lo real, sino algo que se le parece, pero no es real; y, si alguno dijera que la obra del fabricante de camas o de algún otro mecánico es completamente real, ¿no se pone en peligro de no decir verdad?
-No la diría -observó-, por lo menos a juicio de los que se dedican a estas cuestiones.
-No nos extrañemos, pues, de que esa obra resulte también algo oscuro en comparación con la verdad.
-No por cierto.
-¿Quieres, pues -dije-, que, tomando por base esas obras, investiguemos cómo es ese otro imitador de que hablábamos?
-Si tú lo quieres -dijo.
-Conforme a lo dicho resultan tres clases de camas: una, la que existe en la naturaleza, que, según creo, podríamos decir que es fabricada por Dios, porque, ¿quién otro podría hacerla?
-Nadie, creo yo.
-Otra, la que hace el carpintero.
-Sí -dijo.
-Y otra, la que hace el pintor; ¿no es así?
-Sea.
-Por tanto, el pintor, el fabricante de camas y Dios son los tres maestros de esas tres clases de camas.
-Sí, tres.
-Y Dios, ya porque no quiso, ya porque se le impuso alguna necesidad de no fabricar más que una cama en la naturaleza, así lo hizo: una cama sola, la cama en esencia; pero dos o más de ellas ni fueron producidas por Dios ni hay miedo de que se produzcan.
-¿Cómo así? -dijo.
-Porque, si hiciera aunque no fueran más que dos -dije yo-, aparecería a su vez una de cuya idea participarían esas dos y ésta sería la cama por esencia, no las dos otras.
-Exacto -dijo.
-Y fue porque Dios sabe esto, creo yo, y porque quiere ser realmente creador de una cama realmente existente y no un fabricante cualquiera de cualquier clase de camas, por lo que hizo ésa, única en su ser natural.
-Es presumible.
-¿Te parece, pues, que le llamemos el creador de la naturaleza de ese objeto o algo semejante?
-Es justo -dijo-, puesto que ha producido la cama natural y todas las demás cosas de ese orden.
-¿Y qué diremos del carpintero? ¿No es éste también artífice de camas?
-Sí.
-Y el pintor, ¿es también artífice y hacedor del mismo objeto?
-De ningún modo.
-Pues ¿qué dirás que es éste con respecto a la cama?
-Creo -dijo- que se le llamaría más adecuadamente imitador de aquello de que los otros son artífices.
-Bien -dije-; según eso, ¿al autor de la tercera especie, empezando a contar por la natural, le llamas imitador?
-Exactamente -dijo.
-Pues eso será también el autor de tragedias, por ser imitador: un tercero en la sucesión que empieza en el rey y en la verdad; y lo mismo todos los demás imitadores.
-Tal parece.
-De acuerdo, pues, en lo que toca al imitador; pero contéstame a esto otro acerca del pintor: ¿te parece que trata de imitar aquello mismo que existe en la naturaleza, o las obras del artífice?
-Las obras del artífice -dijo.
-¿Tales como son o tales como aparecen? Discrimina también esto.
-¿Qué quieres decir? -preguntó.
-Lo siguiente. ¿una cama difiere en algo de sí misma según la mires de lado o de frente o en alguna otra dirección? ¿O no difiere en nada, sino que parece distinta? ¿Y otro tanto sucede con lo demás?
-Eso -dijo-; parece ser diferente, pero no lo es.
-Atiende ahora a esto otro: ¿a qué se endereza la pintura hecha de cada cosa? ¿A imitar la realidad según se da o a imitar lo aparente según aparece, y a ser imitación de una apariencia o de una verdad?
-De una apariencia -dijo.
-Bien lejos, pues, de lo verdadero está el arte imitativo; y según parece, la razón de que lo produzca todo está en que no alcanza sino muy poco de cada cosa y en que esto poco es un mero fantasma. Así decimos que el pintor nos pintará un zapatero, un carpintero y los demás artesanos sin entender nada de las artes de estos hombres; y no obstante, si es buen pintor podrá, pintando un carpintero y mostrándolo desde lejos, engañar a niños y hombres ne- cios con la ilusión de que es un carpintero de verdad.
-¿Cómo no?
-Y creo, amigo, que sobre todas estas cosas nuestro modo de pensar ha de ser el siguiente: cuando alguien nos anuncie que ha encontrado un hombre entendido en todos los oficios y en todos los asuntos que cada uno en particular conoce y que lo sabe todo más perfectamente que cualquier otro, hay que responder a ese tal que es un simple y que probablemente ha sido engañado al topar con algún charlatán o imitador que le ha parecido omnisciente por no ser él capaz de distinguir la ciencia, la ignorancia y la imitación.
-Es la pura verdad -dijo.

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