Teismo - Ateismo

Diálogo entre quienes se identifican con lo Trascendente y aquellos que asumen posturas filosóficas materialistas
 
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 Sobre Ser en la Mente Recta de Uno

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Joselia
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MensajeTema: Sobre Ser en la Mente Recta de Uno   Sáb Ago 10, 2013 1:57 pm

SOBRE SER EN LA MENTE RECTA DE UNO
I ARREPENTIMIENTO

Ananda Coomaraswamy


''«Swer wil werden daz er solte sin, der muoz lazen, daz er iezunt ist».
Meister Eckhart, Pfeiffer p. 606''

Metánoia (Metanoia), traducido usualmente por «arrepentimiento», es literalmente «cambio de mente», o metamorfosis intelectual. Platón no usa la palabra (para el verbo, ver Eutidemo 279C), pero ciertamente conoce la cosa: por ejemplo, en República 514 sig., los valores de aquellos que han visto la luz se transforman completamente, y, en Leyes 803C–804A, se nos dice que aquellos que han realizado su verdadera relación con Dios y su de-pendencia real de Él «pensarán (dianoéomai) de otro modo a como lo hacen ahora», y que «conviene a nuestros discípulos ser de esa misma manera (nueva) de pensar»; cf. la palabra de San Agustín, reformamini in movitate mentis (Confesiones XIII.13). Además, Platón distingue entre «comprender» (sunienai) y «aprender» (manthanein) como entre el conocimiento y la ignorancia relativa (Eutidemo, 278A); y el Pastor de Hermas ciertamente no se equivoca en cuanto al significado real de «metanoia» cuando dice que «El arrepentimiento es una gran comprensión» (tó metanoésai… sýnesís estin megále), y, de hecho, una transformación desde el estado del necio (aphron) al del poseído de intelecto (nous, Mandukya Upanisad IV.2.1, 2). De la misma manera Hermes (Lib. I.18) opone «metanoia» a «agnoia»; esta «agnoia» (ignorancia), en Lib. XIII.7b, es el primero de los «tormentos irracionales de la materia», de la misma manera que en la serie nidana budista la ignorancia es la fuente primaria de todos los males.

Ciertamente, es desafortunado que nuestra palabra «arrepentimiento» traduzca metaméleia (metameleia) más bien que metánoia (metanoia); pues la última palabra implica mucho más que el significado meramente moral de pesar por el error pasado. El hombre que se ha «convertido» realmente, es decir, que se ha dado la vuelta (trépo, strépho), no tendrá tiempo para darse al castigo de sí mismo, y si se impone penalidades no será a modo de penitencia, sino (1º) como una disciplina semejante a la de un atleta que se entrena, y (2º) en imitación de la pobreza divina. Sobre este nivel de referencia, no puede haber ningún lugar para el recuerdo o el pesar por los errores pasados, errores a los que son propiamente aplicables las palabras, «Dejad que los muertos entierren a sus muertos», donde los «muertos» son el «hombre viejo», que ahora ya no existe para aquellos que pueden decir con San Pablo, vivo autem, jam non ego. «A un tal, ciertamente, ya no le atormenta el pensamiento, ¿por qué no he hecho yo lo correcto? ¿por qué he hecho yo lo equivocado?» (Taittiriya Upanisad II.9). Llega así un punto en el ascenso de Dante en el que dice, «Non mi ricorda» (Purgatorio, XXXIII.91). Y, ciertamente, ¿cómo el que ha cesado de ser alguien recordaría o lamentaría lo que «él» había hecho cuando «era» alguien? Sólo cuando retorna, y si retorna, del estado unitivo a «sí mismo», puede recordar o lamentar de nuevo.

Así pues, tò metánoésai = tò sunienai (to metanoesai = to sunienai) es llegar a una «comprensión con». Acentuamos la palabra «con», porque para comprender los problemas implícitos es esencial recordar, lo que puede pasarse por alto fácilmente, que todas las palabras que contienen las preposiciones co- o con-, cum, sýn, sam-, y todos los términos tales como «auto-control», «auto-gobierno», y «auto-posesión» (= com-postura), implican una relación entre dos cosas (cf. Platón, República, 431A, B, 436B), cosas que son, en último análisis, respectivamente humana y divina. Por ejemplo, «Cuanto estás libre de ti mismo, entonces estás Auto-controlado (dines selbes gewaltic = egchratés eautou = svarajan, y Auto-controlado estás Auto-poseído (dines selbes eigen), y Auto-poseído, poseído de Dios (ist got dïn eigen) y todo lo que Dios ha hecho» (Maestro Eckhart, ed. Pfeiffer, p. 598). Todo esto se aplicará a sýnesis (sunesis), sýnousia (sunousia), y sýnnoia (sunnoia), a los verbos sýneimi (suneimi) y sýniemi (suniemi), «estar junto con» y «juntarse con», al sánscrito «sam-adhi», «sín-tesis» o «com-postura», y a los verbos sambhu, sampad, samgam, sami, etc., todos los cuales implican con-greso y unificación, un «devenir uno» (eko bhu) en el sentido erótico no menos que en los demás sentidos; cf. teléo (teleo), ser perfecto, casarse o morir.

En otras palabras, la «gran comprensión» es un tipo de síntesis y de acuerdo (sánscrito samdhi, samadhi, samjñana), por el que se resuelve nuestro conflicto interno, o como lo expresan también los textos sánscritos, en los que «se sueltan todos los nudos del corazón». Si preguntamos, ¿un acuerdo de qué con qué?, la respuesta será evidente: unanimidad (omónoia) de las partes peor y mejor, de las partes humana y divina en nosotros, en cuanto a cual debe gobernar (Platón, República 432C); «asimilación del conocedor con lo que ha de conocerse (tou katanoouménou tò katanooun ezomoíosis), de acuerdo con la naturaleza arquetípica, y venida a ser en esta semejanza» (Platón, Timeo 90D, cf. Bhagavad Gita XIII.12-18, jñeyam... anadimatparam brahma...), «semejanza que ahora comienza a formarse de nuevo en nosotros» (San Agustín, De spir. et lit. 37); con-scientia con nuestra «parte divina», cuando se han calmado las dos partes del alma mortal y la tercera parte del alma se mueve así para que nosotros seamos «de una única mente con nuestro Sí mismo real» (sýnnoian autós autou aphikómenos), obteniendo así el conocimiento verdadero en lugar de nuestra opinión (República 571, 572). En términos indios, esto es también el acuerdo marital, o la unanimidad del sí mismo elemental (bhutatman, sarira atman) con el Espíritu solar presciente (prajñatman, asarira atman) en una unión que trasciende la consciencia de un adentro o de un afuera (Brhadaranyaka Upanisad IV.3.21); en otras palabras, la fusión del Rey Exterior con el Sabio Interior, del Regnum con el Sacerdotium.

Así pues metánoia (metanoia) es la transformación de la totalidad del ser de uno; desde el pensamiento humano a la comprensión divina. Una transformación de nuestro ser, pues como dijo Parménides, «Ser y conocer son uno y lo mismo» (Diels, Fr. 18.5), y «Nosotros venimos a ser de tal material como eso sobre lo que la mente está establecida» (Maitri Upanisad VI.34.3). Arrepentirse es devenir otro hombre, un hombre nuevo. Que esto era la comprensión de San Pablo, está claro en Efesios 4:23, «Sed renovados en el espíritu de vuestra mente» (ananeousthai da tou pneýmati tou noòs hymon).
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Joselia
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MensajeTema: Re: Sobre Ser en la Mente Recta de Uno   Sáb Ago 10, 2013 1:59 pm

II SOBRE LAS «DOS MENTES»

Dios «no es un hombre, de modo que deba arrepentirse» (I Samuel 15:29, cf. Salmos 110:4, y Ezequiel 24:4). La metanoia es un «cambio de mente» que difiere sólo en su implicación más amplia del cambio de mente que ha tenido lugar cuando nos arrepentimos de una intención. Cuando hacemos esto, ello se debe a que nosotros mismos sentimos que ahora estamos «mejor aconsejados» y que somos capaces así de actuar «aconsejadamente», o como lo expresaría Platón, katà lógon. ¿El consejo de quién estamos nosotros recibiendo? ¿Quién da el consejo cuando nosotros «recibimos consejo de nosotros mismos»? Sobre este punto Sócrates no tenía ninguna duda, pues, como dice él mismo, «Cuando yo estaba a punto de cruzar la corriente, se me dio el signo daimónico que usualmente viene a mí *él siempre me retiene de lo que yo quiero hacer - y yo consideré que había sido una voz proveniente de él que me prohibía…» (Fedro 242B). O, como dice también Platón, «hay un algo en el alma que inclina a los hombres a beber y un algo que lo prohibe, un algo diferente de eso que inclina», donde lo que nos arrastra son las pasiones y los desórdenes, y lo que nos retiene la voz de la Razón (República 439). Todo el mundo ha tenido experiencia de esto.

Apenas necesitamos decir que Platón habla del Guía (hegemon) dentro de nosotros por muchos nombres, tales como la Razón vocal (lógos), la Mente (nous), el Genio (daímon), y la parte más divina (theiótatos) y mejor, o la parte gobernante (krátistos) y eterna (aeigenés) de nosotros, ni recordar que este Alma Inmortal «es nuestro Sí mismo real» (Leyes 959A), y que nos corresponde a «nosotros» ser Su servidor (hypérétes, Leyes 645A, Timeo 70D, etc.); de otro modo, ¿cómo, ciertamente, «Se hará Tú voluntad así en la tierra como en el cielo»? Esta divinidad inmanente es igualmente el «Alma del alma» (psuche psuches) de Filon, el «Genio Bueno» (o àgathòs daímon) de Hermes, y el «Pastor» de Hermas. Es la «Sindéresis» escolástica, el «Funkelein» del Maestro Eckhart, y por atenuada que esté, es nuestra propia «Consciencia»; pero no es en modo alguno nuestra «razón», o la «intuición» de Bergson. Es el Espíritu que la Escritura, como señala San Pablo, distingue tan tajantemente entre el alma, y su jam non ego, sed Christus in me (Hebreos 4:12 y Gálatas 2:20). Es «el Sí mismo del sí mismo, llamado el “Guía Inmortal”» (atmano’tma netamrtakhyah, Maitri Upanisad VI.7), el «Controlador Interno» (antaryamin, Brhadaranyaka Upanisad III.7.1, etc.), el «Sí mismo (o Espíritu) y Rey de todos los seres», o «de todo cuanto está en moción o en reposo» (ídem I.4.16, II.1.2, Rig Veda Samhita I.115.1, etc.), el Genio inmanente (yaksa), de Atharva Veda Samhita X.8.43 y Jaiminiya Upanisad Brahmana IV.24, y el «Sí mismo incorporal e inmortal» impasible de Chandogya Upanisad VIII.12.1, el «Eso» del famoso dicho «Eso eres tú». Y, de la misma manera que para Platón, así, en los libros védicos, este Hombre Interior impasible, sin muerte, y Sí mismo verdadero, «mora junto con» el sí mismo humano, pasible y mortal, en la «casa» o «ciudad» del cuerpo, mientras «nosotros» estamos vivos. Es este «Espíritu» (Santo) el que nosotros «entregamos» cuando nosotros morimos: y entonces surge la imperiosa pregunta, «¿En la partida de quién partiré yo, cuando yo parta?» (Prasna Upanisad VI.3), pregunta cuya respuesta, acordemente a la cual nosotros estaremos «salvados» o «condenados», dependerá de si antes del fin hemos llegado a saber «Quién somos» (Jaiminiya Upanisad Brahmana IV.19.4, 5, Brhadaranyaka Upanisad IV.4.14, Bhagavad Gita IV.40, etc.).

Nosotros todavía hacemos uso de expresiones tales como ser «de mente o ánimo doble», «de mente fuerte o débil», «de mente indecisa» (sobre un propósito), y «no conocer la propia mente de uno»; nosotros también «componemos nuestras mentes», y sólo cuando se ha hecho esto sabemos realmente lo que realmente «estaba en nuestra mente o ánimo hacer». Usamos estas expresiones (como tantas otras frases heredadas) sin una consciencia plena de su significado, de la misma manera que hablamos del «gobierno de sí mismo» o del «control de sí mismo» sin darnos cuenta que la «misma cosa nunca hará o sufrirá cosas opuestas en el mismo contexto y con relación a la misma cosa y al mismo tiempo. De modo que si nosotros encontramos alguna vez estas contradicciones en las funciones de la mente, sabremos que ello no era el funcionamiento de la misma cosa» (República 436B, cf. 431A, B, y Parménides 138B). De hecho, todas estas expresiones derivan su significado de la antigua doctrina de la dualidad de la naturaleza humana, expresada en los términos de una dualidad o bivalencia de mente (nous, sánscrito manas). Es esta doctrina la que el Profesor Goodenough parece encontrar tan extraña en Filon: y sin embargo, sin ella, la noción de arrepentimiento sería ininteligible. Conocer la propia mente de uno es lo mismo que «conocerse a uno mismo» o «amarse a uno mismo», en el sentido superior de Aristóteles (Etica Nicomacos IX.8*), Hermes (Lib. IV.6B), Santo Tomás de Aquino (Summa Theologica II-II.26.4), y las Upanishad (Brhadaranyaka Upanisad II.4, etc.). Filon dice que «hay dos mentes, la de todos (los seres), y la mente individual: el que escapa de su propia mente, escapa a refugiarse en la mente de todos en común». Una es no generada e inmortal, la otra generada y mortal (I.93). Puesto que el alma está «muerta» cuando está sepultada en las pasiones y vicios (I.65, y como para San Pablo), Filon señala que «Lo que muere no es la parte gobernante de nosotros, sino el sujeto lego, y mientras éste último no se arrepiente (méchris on metanoía chresámenon) y reconoce su perversión (tropé), estará atrapado por la muerte» (I.80). La mente individual es la misma cosa que nuestra «sensibilidad» (aisthésis); y «siempre es justo que lo superior gobierne, y que lo inferior sea gobernado; y la Mente es superior a la sensibilidad» (I.131); «el hombre indolente se hunde en su propia mente incoherente» (I.94, cf. Bhagavad Gita II.67 y VI.34), es decir, en «el conocimiento estimativo» en los términos del «hambre y la sed».

Equivale a la misma cosa negar el nombre de «mente» a las facultades estimativas del alma sensitiva, gobernada por sus voliciones. Así, en Hermes, Lib. I.22, se pregunta, «¿No tienen todos los hombres mente?» y se responde, «la Mente viene sólo a aquellos que son devotos y buenos y puros» (katharós = suddha). En términos platónicos, el alma es sin mente (anous) al nacer y puede ser todavía inconsciente (anóetos) al morir (Timeo 44A, C); la Mente sin cambio que se contrasta con la opinión sujeta a persuasión sólo se ha encontrar en los Dioses y en un pequeño número de hombres (Timeo 51E). Sin embargo, si nosotros entendemos por «mente» meramente el instrumento del pensamiento discursivo humano, entonces participar en la manera de conocer divina será, hablando en términos humanos, estar «fuera de la mente de uno»; así, del Profeta a cuyo través habla Dios, Platón dice que «su mente no está en él» (Ion, 534B), un estado de «manía» que no debe confundirse con la «insanía» (Fedro 244, 265): «la sabiduría de este mundo es necedad para Dios» (I Corintios 3:19).

Hemos visto ahora que la noción de un «cambio de mente» presupone que hay dos en nosotros: dos naturalezas, una humanamente opinionada y otra divinamente científica; dos naturalezas que han de distinguirse ya sea como mente individual y universal, o como sensibilidad y mente, o como no-mente y mente, o como mente y «locura»; donde los primeros términos corresponden al Ego empírico, y los segundos a nuestro Sí mismo real, el objeto del mandato «Conócete a ti mismo». Concluiremos anotando brevemente los equivalentes de estas formulaciones en las fuentes indias.

La formulación en los términos de dos mentes es explícita en Manu I.14: «De sí mismo el Auto-existente sacó la mente, cuya naturaleza es lo real y lo irreal» (sadasad-atmakam); la mente, es decir, eso con lo cual uno piensa «tanto el bien como el mal» (punyam ca... papam ca, Jaiminiya Upanisad Brahmana I.60.1) y que, por consiguiente, es un medio «ya sea de esclavitud o ya sea de liberación» (Maitri Upanisad VI.34.11). «Se dice que la mente es doble, pura e impura (suddhasuddham): impura, por su relación con el deseo, pura por su separación del deseo. …La dicha de quien mora en el Sí mismo es indescriptible, la polución de su mente lavada por la Auto-compostura» (samadhi-nirdhauta-malasya nivesitasya atmani, Maitri Upanisad VI.34.6, 9).

La distinción entre Mente y sensibilidad (entre nous y aisthesis) es análoga a la que hay entre Manas, Mente y Vac, el poder o la facultad de expresión. Mente deviene un nombre o hipóstasis de Dios, puesto que no hay ningún otro que inteligiza (nanyad ato’timantr, Brhadaranyaka Upanisad III.8.11). Manas es el principio sacerdotal que conoce y quiere, Vac el poder de acción sin el que nada se efectuaría. Es función de Vac (femenino) «imitar» (kanukr) a Manas (masculino) y actuar como su seguidora y mensajera, «pues ella es con mucho la más baja y él es con mucho el superior» (Taittiriya Samhita II.5.11.5; Satapatha Brahmana I.4.4.7 y 5.11). Pero aunque la Victoria depende de su co-operación, ella puede mostrarse poco dispuesta a cumplir su oficio (Satapatha Brahmana I.4.4.12; Taittiriya Samhita II.5.11.5. etc.); a ella se la aparta fácilmente de su fidelidad a la Mente y a la Verdad hacia el servicio de lo que a ella le agrada pensar, y entonces meramente perora necedades (Satapatha Brahmana III.2.4.11, etc., cf. Filon I.94).

En los textos indios nos encontramos también con la noción de una dementación mejorativa como se señala arriba. Pues cuando se considera la «mente» sólo como una parte del organismo psíquico, entonces ser «sin mente» e «inconsciente» es la condición superior, y la operación mental consciente la inferior. Así, «Cuando la mente ha sido inmolada en su propia fuente por amor de la Verdad, entonces cesan igualmente los falsos controles de las acciones hechas cuando ella era engañada por los objetos sensibles» (Maitri Upanisad VI.34.1, 2); «Nadie cuya mente no ha sido inmolada puede llegar a Él» (Katha Upanisad II.24); a saber, a la Persona, que siendo desprovista de todo atributo limitativo es necesariamente «sin mente», aunque la fuente de la mente (Mundaka Upanisad II.1.2, 3). Dios no piensa y no conoce según nuestra manera imperfecta de conocer en los términos de sujeto y objeto; nosotros podemos decir que Dios piensa, pero no hay una segunda cosa, otra que sí mismo, de la cual pueda pensar (Brhadaranyaka Upanisad IV.3.28, etc.). En este sentido, entonces, se dice que «cuando uno alcanza el estado de dementación (amanibhava), eso es el último paso» (Maitri Upanisad VI.34.7), y nosotros reconocemos la misma doctrina en Santo Tomás de Aquino, Cum vero intellectus jam ad formam veritatis pertingit, non cogitat, sed perfecte veritatem contemplatur (Summa Theologica I.34.1 ad 2). Sólo debemos cuidarnos de no confundir esta dementación superior de lo supraracional y lo supraconsciente con la dementación de los Titanes que son todavía irracionales y subconscientes; de la misma manera que distinguimos entre el no ser de la supraesencialidad divina y el no ser de lo que todavía no ha venido al ser o no podría ser.

Resumiendo: en la primera parte de este artículo, nuestra intención era mostrar que lo que significa realmente el «arrepentimiento» es un «cambio de mente», y el nacimiento de un «hombre nuevo» que, lejos de estar abrumado por el peso de los errores pasados, ya no es el hombre que los cometió; y en la segunda parte, señalar la doctrina de la dualidad de la mente, dualidad de la que depende la posibilidad de un «cambio de mente», y demostrar su universalidad; en otras palabras, señalar que la noción y la necesidad de una «metanoia» están inseparablemente ligadas a las formulaciones de la Philosophia Perennis dondequiera que las encontramos.

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