Teismo - Ateismo

Diálogo entre quienes se identifican con lo Trascendente y aquellos que asumen posturas filosóficas materialistas
 
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 Acerca de los símbolos

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Joselia
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Fecha de inscripción : 12/08/2011

MensajeTema: Acerca de los símbolos   Lun Jun 03, 2013 1:55 pm

Notas sobre símbolos

René Guénon



" (El símbolo) ayuda a cada cual, según la medida de sus propias posibilidades intelectuales, a comprender más o menos completamente, más o menos profundamente la verdad representada por ella. Así, las verdades más altas, que no serían en modo alguno comunicables o transmisibles por ningún otro medio, se hacen tales hasta cierto punto cuando están, si puede decirse, incorporadas en símbolos que sin duda las disimularán para muchos, pero que las manifestarán en todo su resplandor a los ojos de los que saben ver". (René Guénon: "Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada)

"Todo lo que es, cualquiera sea su modo de ser, al tener su principio en el Intelecto divino, traduce o representa ese principio a su manera y según su orden de existencia; y así, de un orden en otro, todas las cosas se encadenan y corresponden para concurrir a la armonía universal y total, que es como un reflejo de la Unidad divina misma. Esta correspondencia es el verdadero fundamento del simbolismo, y por eso las leyes de un dominio inferior pueden siempre tomarse para simbolizar la realidad de orden superior, donde tienen su razón profunda, que es a la vez su principio y su fin... Lo inferior puede simbolizar lo superior, pero la inversa es imposible; por otra parte, si el símbolo no estuviese más próximo al orden sensible que lo representado por él, ¿cómo podría cumplir la función a la que está destinado?. En la naturaleza, lo sensible puede simbolizar lo suprasensible; el orden natural íntegro puede, a su vez, ser un símbolo del orden divino; y, por lo demás, si se considera más particularmente al hombre, ¿no es legítimo decir que él también es un símbolo, por el hecho mismo de que ha sido «creado a imagen de Dios» (Génesis, I, 2627) ? Agreguemos aún que la naturaleza solo adquiere su plena significación si se la considera en cuanto proveedora de un medio para elevarnos al conocimiento de las verdades divinas, lo que es, precisamente, también el papel esencial que hemos reconocido al simbolismo". (René Guénon: "Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada)

"Se tiene demasiado la tendencia a pensar que la admisión de un sentido simbólico debe suponer el rechazo del sentido literal o histórico; una opinión semejante sólo puede ser resultado del desconocimiento de la ley de correspondencia que es el fundamento mismo de todo simbolismo, y en virtud de la cual toda cosa que proceda esencialmente de un principio metafísico del que obtiene toda su realidad, traduce y expresa este principio a su manera y según su orden de existencia, de tal forma que, de un orden al siguiente, todas las cosas se encadenan y corresponden para concurrir a la armonía universal y total, que es, dentro de la multiplicidad de las manifestaciones, como un reflejo de la misma unidad «principial». Por esto, las leyes de un ámbito inferior siempre se pueden tomar para simbolizar realidades de orden superior, donde se encuentra su razón profunda, que es a la vez su principio y su fin". (René Guénon: "Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada)

"Otra consecuencia de la ley de correspondencia es la pluralidad de sentidos incluidos en todo símbolo; en efecto, cualquier cosa puede ser considerada como si representase no sólo los principios metafísicos, sino también las realidades de todos los órdenes superiores al suyo, aunque todavía sean contingentes, ya que estas realidades, de las que también depende más o menos directamente, juegan para ella el papel de «causas segundas»; y el efecto siempre puede ser considerado como el símbolo de la causa, sea cual sea el grado en el que se encuentre, ya que todo lo que es, no es sino la expresión de algo inherente a la naturaleza de esta causa. Estos sentidos simbólicos múltiples y jerárquicamente superpuestos, en absoluto se excluyen entre sí, como tampoco excluyen el sentido literal; al contrario, concuerdan perfectamente entre ellos, ya que en realidad expresan las aplicaciones de un mismo principio en órdenes diversos; y así se complementan y corroboran integrándose en la armonía de la síntesis total. Además, es esto lo que hace del simbolismo un lenguaje mucho menos estrechamente limitado que el lenguaje ordinario, y el único apto para la comunicación de determinadas verdades; así abre unas posibilidades de concepción verdaderamente ilimitadas, por lo que constituye el lenguaje iniciático por excelencia, el vehículo indispensable de toda enseñanza tradicional". (René Guénon: "Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada)

"Se sabe que el símbolo debe ser siempre de un orden inferior a lo que es simbolizado (lo que, recordémoslo de pasada, basta para desechar todas las interpretaciones «naturalistas» imaginadas por los modernos); las realidades del dominio corporal, siendo las del orden más bajo y más estrechamente limitado, no podrían entonces ser simbolizadas por nada y, por lo demás, no tienen de ello ninguna necesidad, puesto que son directa e inmediatamente asequibles para todo el mundo. Por el contrario, todo acontecimiento o fenómeno cualquiera, por insignificante que sea, podrá siempre, en razón de la correspondencia existente entre todos los órdenes de realidades, ser tomado como símbolo de una realidad de orden superior, de la cual es en cierto modo una expresión sensible, al igual que una consecuencia deriva de su principio; y a este título, por desprovisto de valor e interés que esté en sí mismo, podrá presentar un significado profundo a quien es capaz de ver más allá de las apariencias inmediatas. Hay aquí una transposición cuyo resultado no tendrá evidentemente nada en común con la "vida ordinaria", ni siquiera con la vida exterior, sea cual sea el modo en que se la considera, habiendo ésta simplemente suministrado el punto de apoyo que permita, a un ser dotado de aptitudes especiales, salir de sus limitaciones; y este punto de apoyo, insistimos, podrá ser cualquiera, dependiendo de la naturaleza propia del ser que se servirá de él". (René Guénon: "Apreciaciones sobre la Iniciación")

"Cualquier símbolo es susceptible de interpretaciones múltiples, para nada en contradicción entre ellas, sino al contrario completándose unas a otras, y todas igualmente verdaderas aunque procediendo de puntos de vista diferentes (...) Así, el símbolo, a quien acceda a penetrar su significado profundo, podrá hacerle concebir incomparablemente más que todo lo que es posible expresar directamente; asimismo es el único medio de transmitir, hasta donde se puede, todo aquello inexpresable que constituye el dominio propio de la iniciación o, antes bien, para hablar más rigurosamente, de depositar las concepciones de este orden en germen en el intelecto del iniciado, quien deberá después hacerlas pasar de la potencia al acto, desarrollarlas y elaborarlas por su trabajo personal, porque nadie puede hacer nada más que prepararle para ello, trazándole, mediante fórmulas apropiadas, el plan que luego habrá de realizar en él mismo para acceder a la posesión efectiva de la iniciación que no ha recibido del exterior más que virtualmente". ". (René Guénon: "Apreciaciones sobre la Iniciación")

"El verdadero fundamento del simbolismo es, como ya hemos dicho, la correspondencia existente entre todos los ordenes de la realidad, que liga uno a otro, y que se extiende, en consecuencia, del orden natural tomado en su conjunto al orden sobrenatural; en virtud de esta correspondencia, la naturaleza entera no es sino un símbolo, es decir, no recibe su verdadero significado mas que si se la considera como un soporte para elevarnos al conocimiento de las verdades sobrenaturales, o «metafísicas» en el sentido propio y etimológico de la palabra, lo que es precisamente la función esencial del simbolismo, y lo que es también la razón de ser profunda de toda ciencia tradicional. Por ello, hay necesariamente en el simbolismo algo cuyo origen se remonta más alto y más lejos que la humanidad, y podría decirse que este origen está en la obra misma del Verbo divino: ésta está principalmente en la propia manifestación universal, en la Tradición primordial que es, también, «revelación» del Verbo; esta Tradición, de la cual todas las demás no son sino formas derivadas, se incorpora por así decir en los símbolos, que son transmitidos de edad en edad sin que se les pueda asignar ningún origen «histórico»", y el proceso de esta especie de incorporación simbólica es análogo, en su orden, al de la manifestación". ". (René Guénon: "Apreciaciones sobre la Iniciación")

"Los símbolos son esencialmente un medio de enseñanza, y no solo de enseñanza exterior, sino también de algo más, en tanto que deben servir principalmente de "soportes" para la meditación, que es al menos el comienzo de un trabajo interior; pero estos mismos símbolos, en tanto que elementos rituales y en razón de su carácter «nohumano», son además «soportes» de la propia influencia espiritual. Por otra parte, si se piensa que el trabajo interior sería ineficaz sin la acción o, si se prefiere, sin la colaboración de esta influencia espiritual, se podrá comprender que la meditación sobre los símbolos toma, en ciertas condiciones, el carácter de un verdadero rito, y de un rito que, esta vez, no confiere únicamente la iniciación virtual, sino que permite alcanzar un grado más o menos avanzado de iniciación efectiva". ". (René Guénon: "Apreciaciones sobre la Iniciación")
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