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 Música desde el punto de vista tradicional

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Joselia
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MensajeTema: Música desde el punto de vista tradicional   Jue Ene 24, 2013 12:23 pm

Música

«La Música es una de las siete artes liberales, que formaba junto con la aritmética, la geometría y la astronomía, el quadrivium, conjunto de las artes físicas, relacionadas con la forma o aspecto cualitativo de las cosas, todas las cosas las has hecho con peso, número y medida, dice la Biblia. Podríamos decir que la música es la expresión aritmética del sonido, los números expresando en todas las tradiciones las "razones eternas" de los seres y las cosas, y el sonido relacionándose con el éter, el elemento primordial del que surgen los cuatro elementos que forman el mundo corpóreo.

El alma es una sinfonía, decía Santa Hildegarda de Bingen, y es así que podríamos trasladar a música una expresión humana concreta o un aspecto divino, como de hecho hace siempre la música tradicional. es decir, la música es una estructura simbólica de un carácter más primordial que cualquier otra, como dice San Isidoro de Sevilla: «ninguna disciplina puede ser perfecta sin la música; sin ella nada existe. Se afirma que el mundo mismo fue compuesto de acuerdo con una cierta armonía de sonidos, y que incluso el cielo gira bajo la influencia modular de la armonía».

En la sociedad tradicional, el tiempo como el espacio tienen un aspecto cualitativo, que expresan cada uno en su orden las realidades de lo alto, toda civilización tradicional intenta reflejar el cielo en la tierra. La música tradicional, porque es cualitativa, considera el momento, el lugar y la acción que se desarrolla en ellos, expresando simbólicamente su realidad esencial. Cada acontecimiento tiene su música. Esta expresión musical, definida por el acontecimiento que acompaña, liga estrechamente en el canto la letra, la música y el modo; esto ocurre en todas las formas musicales tradicionales, desde el raga hindú hasta el canto gregoriano, pasando por las canciones populares como, por ejemplo, los palos del flamenco.

La música tradicional distingue entre sus diferentes aplicaciones, podemos hablar entonces de una música sagrada, otra religiosa, y otra prosaica (mejor que profana ya que en las culturas tradicionales incluso las fiestas, entretenimientos etc. tienen un carácter y un simbolismo esencialmente sagrado).

La música sagrada es aquella que es capaz de remitir al individuo al Sí-mismo. La música religiosa, en cambio, pretende unir, no ya al individuo con su esencia, sino a los diferentes individuos de una comunidad en el culto o la alabanza divinas. La música prosaica se atiene a lo material, incluso a lo corpóreo.

Estos aspectos cualitativos y simbólicos de la música están por completo ausentes en la música moderna. Ninguna relación se percibe hoy en día entre la música y el tiempo, el lugar y el acontecimiento en los que se ejecuta. El canto gregoriano se canta en recitales profanos, y a la inversa en la iglesia se interpretan melodías profanas. La música se ha convertido en un objeto de consumo, válido por sí mismo como un simple pasatiempo, efímero e insignificante.»

La degradación musical de la que hablamos procede del Renacimiento, momento en el que los compositores pretenden "liberarse" de las estructuras modales para dar libre curso a sus fantasías (ellos lo llaman creatividad). Incluso el oído no entrenado de hoy en día puede apreciar como la música del renacimiento se sentimentaliza creando ambientes de melancolía y tristeza, desde luego no exentos de una cierta belleza, pero que bajan un punto en la perfecta luminosidad y la gracia espiritual de las primeras polifonías medievales (ver MATER DEI ) o de la serenidad simple y contemplativa del canto y la salmodia gregorianos (ver CANTATE). Esa progresiva sentimentalización y profanación de la música va ganando terreno con la decoración superflua del barroco, el drama, la tragedia y los ambientes sombríos que a partir del clasicismo desembocan en los paroxismos sentimentales y emocionales románticos, para finalmente terminar por degradarse en la desasosegante, vacua y fría atonalidad contemporánea unida además al caótico mundo musical comercial. Ningún rasgo sagrado veremos en tales músicas, todo lo más algunas obras pueden calificarse de religiosas pero solo por el tema que tratan. Y todo lo más alguna obra puede reflejar esa transparencia metafísica, más por casualidad que por intención, y más como excepción que como norma.

«La música ha recorrido un camino análogo al de las demás manifestaciones artísticas. En efecto, la música tradicional, la cual aún vive en muchos lugares de Oriente, como la India actual, usa el sonido para evidenciar el silencio o sea la suprema realidad. El autor musical trata de diagramar en la duración sonora una sucesión de instantes de silencio, y el oyente percibe esos momentos como el sustrato real que perdura detrás de las apariencias sensibles del ser universal, concretizadas en el tiempo sonoro. Con ello se busca trasponer las limitaciones inherentes a las determinantes vitales para sumergirse en lo absoluto no-manifestado. Es decir, la verdadera música surge de las relaciones entre esos intervalos de silencio.

El Occidente de nuestros días, en cambio, generalmente pretende con la música disimular la realidad bajo la antedicha duración sonora. Desea el placer estético como en las demás expresiones artísticas, y mediante la distracción que supone la producción de la belleza y armonía musical, olvida y niega que su concreción es nada más que un punto de apoyo para la trascendencia y lo auténticamente espiritual en las civilizaciones normales» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

«Daría toda mi obra por haber escrito el Prefacio de la misa gregoriana» (W. A. Mozart)

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