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Diálogo entre quienes se identifican con lo Trascendente y aquellos que asumen posturas filosóficas materialistas
 
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 'LA PATERNIDAD ESPIRITUAL' y 'EL COMPLEJO DE MARIONETA'

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Joselia
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MensajeTema: 'LA PATERNIDAD ESPIRITUAL' y 'EL COMPLEJO DE MARIONETA'   Jue Ene 03, 2013 1:07 pm

'LA PATERNIDAD ESPIRITUAL' Y 'EL COMPLEJO DE MARIONETA' *

ANANDA K. COOMARASWAMY

«Estos son realmente los pensamientos de todos los hombres en todas
las edades y en todas las tierras, no son originales míos. Si no son
vuestros tanto como míos, entonces no son nada, o casi nada»

Walt Whitman

El propósito de este capítulo es metodológico, y se trata principalmente de sugerir que el antropólogo se inclina demasiado a considerar las peculiaridades de los pueblos «primitivos» —Naturvölker— aisladamente, pasando por alto la posibilidad o la probabilidad de que estas peculiaridades no sean de origen local, sino que representen únicamente las supervivencias provinciales o periféricas de teorías que habían sido mantenidas por algunas o por todas las comunidades más sofisticadas, de cuyas comunidades los pueblos primitivos pueden representar sólo un declive.
El primer ejemplo será el de la creencia de algunos pueblos de las islas del Pacífico así como australianos en una paternidad espiritual. El tema es hasta tal punto bien conocido por los antropólogos, que bastará citar, de un reciente artículo del Dr. M. F. Ashley Montagu,1 la siguiente observación: «prácticamente por todas partes en Australia… el intercurso sexual se asocia con la concepción, pero no como una causa de la concepción o del nacimiento…2 La creencia es más bien que un espíritu niño ha entrado en ella… tal es la doctrina oficial de la concepción espiritual, doctrina que se muestra ampliamente en su pensamiento… el intercurso sexual sirve para preparar a la mujer para la entrada del espíritu niño». Además, con referencia a los datos de Rohein, el Profesor Montagu observa que «parece probable que hasta que el nativo es iniciado en la interpretación social de la naturaleza de las cosas, está bajo la impresión de que el intercurso sexual se relaciona estrechamente con el nacimiento; sin embargo, cuando ha sido iniciado en las enseñanzas tradicionales, descubre que su anterior conocimiento elemental era incompleto, y gradualmente pasa su adhesión desde una creencia en la reproducción material a otra en favor de la reproducción espiritual».

Obsérvense en estas citas las palabras «asociado con… pero no como una causa», «doctrina oficial», y «enseñanzas tradicionales». Antes de seguir adelante, debe observarse también que es una evidencia de un desarrollo intelectual más bien considerable, el hecho de ser capaz de distinguir entre un post hoc y un propter hoc, entre una concomitancia y una causación. Esta no es en modo alguno la única evidencia disponible de la «intelectualidad» de los aborígenes australianos. ¿Pero son ellos, me pregunto, más propensos que cualquier otro pueblo a haber inventado, en algún sentido fechable, sus propias «doctrinas oficiales»? ¿O no debería buscarse una explicación de fenómenos tales como la universalidad del motivo de las simplegades en la noción del «denominador común»?. Y también se podría intentar, igualmente, explicar de esa manera las formas de las palabras afines en lenguas emparentadas, así como la distribución de las ideas concordantes.

La doctrina de los pueblos del Pacífico de la concepción espiritual es cualquier cosa excepto un fenómeno aislado. Por ejemplo, en la literatura budista canónica, se afirma explícitamente que para la concepción son necesarias tres cosas, a saber, la unión del padre y de la madre, el período de la madre, y la presencia del Gandharva,3 es decir, del Eros solar y divino. El Gandharva corresponde aquí a la Naturaleza divina que Filón llama «la causa más alta, la causa primera, la causa verdadera» de la generación, mientras que los padres son meramente las causas concomitantes;4 y a la «Naturaleza siempre productiva»5 de Platón y al «Padre» de San Pablo, ex quo omnis paternitas in coelis et terra nominatur.6 Sería difícil distinguir entre estas formulaciones y la de los aborígenes australianos, con su «doctrina oficial» iniciatoria, en la que el intercurso sexual se asocia con la concepción, pero no como su causa. Sería igualmente difícil distinguir entre la doctrina australiana y la doctrina de Aristóteles, de que «El hombre y el Sol7 generan al hombre»,8 o entre la doctrina australiana y la designación del Sol7 por Dante, una luz que preña, como «el padre de cada vida mortal», Sol cuyos rayos refulgentes capacitan a cada uno para decir, Subsisto.9 Estas formulaciones, a su vez, corresponden a las del Satapatha Brahmana, donde, es en tanto que el Sol7 les «besa», es decir, en tanto que el Sol7 les insufla, por lo que cada uno de los hijos de los hombres puede decir «yo soy» (asmi), o, en las palabras del Comentador, «adquiere un sí mismo».10 Nuevamente, la distinción australiana entre la causa mediata y la causa primera de la concepción tiene un estrecho paralelo en la Jaiminiya Upanisad Brahmana: «Cuando el padre [humano] le emite así como semilla dentro de la matriz, es realmente el Sol7 quien le emite como semilla dentro de la matriz… de ahí nace, de esa semilla, ese Soplo».11 Ciertamente, uno no puede distinguir entre el «que pone la semilla en las plantas, en las vacas, en las yeguas, y en las mujeres»12 y el «Sol» de Dante, o el «espíritu de la fertilidad» de los «primitivos».

Con mayor detalle, «No digáis, "del semen", sino "de lo que está vivo" [en él]»;13 es decir, «El que, presente en [tisshan = instans] el semen, a quien el semen no conoce… cuyo cuerpo [vehículo] es el semen…, el Inmortal»;14 «es ese Sí mismo espiritual presciente [prajñatman, el Sol]15 el que agarra y erige la carne».16 Esta doctrina, o, en otras palabras, que «la luz es el poder progenitivo»,17 son doctrinas cristianas familiares. Por ejemplo, «Presente en el semen» tiene su equivalente en Santo Tomás de Aquino: «El poder del alma, que está en el semen por el Espíritu encerrado en él, da forma al cuerpo»,18 y así «el poder de la generación pertenece a Dios»,19 y en las palabras de Schiller, Es ist der Geist der sich den Körper schaft.20

Similarmente, San Buenaventura escribió: Generatio non potest fieri in materia generabili et corruptibili secundum rationes seminales nisi beneficio luminis corporum super caelestium, quae elongatur a generatione et corruptione, scilicet a sole, lune es stellis;21 y, Jalalu'd Din Rumi: «Cuando llega el tiempo de que el embrión reciba el espíritu vital, en ese momento el Sol deviene su sostén. A este embrión el Sol lo pone en movimiento, pues el Sol le dota de espíritu inmediatamente. Hasta que el Sol brilló sobre él, de las demás estrellas, este embrión recibió sólo una impresión. ¿Por cuál vía devino conectado en la matriz con el bellísimo Sol?. Por la vía oculta que se sustrae a nuestra percepción sensorial».22

Sería posible citar más materiales de otras fuentes, por ejemplo, provenientes de los indios americanos, en cuyas mitologías, «virgen» quiere decir «no tocado por el sol». Pero ya se ha dicho suficiente para mostrar que hay, o que ha habido un acuerdo, más o menos general, respecto a que Spiritus es qui vivificat, caro non prodest quicquam;23 e incluso hoy hay muchos que pueden tomar seriamente el mandato: «En la tierra, no llaméis a ningún hombre vuestro padre: pues uno sólo es vuestro Padre, que está en el cielo».24 Es difícil ver en que difieren esencialmente estas distinciones entre la paternidad social y la paternidad espiritual de la «doctrina oficial» de los aborígenes australianos.

Mi punto de vista es que no se puede pretender haber considerado sus «enseñanzas tradicionales», en su verdadera perspectiva, si se ignora su universalidad. En cualquier caso, mientras se considere que sus creencias son algo extraño y peculiar, y los productos de un tipo de mentalidad foránea, también se ignorará la pregunta, ¿cómo es que tantos tipos de hombres, y tan diferentes, han pensado lo mismo?. ¿Y no es ésta una pregunta que suscita el interés más absorbente, y una de las preguntas más esencialmente «antropológica»?. Si, como dijo Alfred Jeremías, es cierto que las diferentes culturas humanas son realmente sólo los dialectos de un único y mismo lenguaje espiritual,25 entonces, ciertamente, incumbe al estudioso del hombre preguntarse cuándo y dónde puede haberse originado este lenguaje espiritual. ¡En cualquier caso, cuanto más fácil deviene comprender la cultura de otro pueblo, cuanto más fácil deviene reconocer su plena humanidad, y cuanto más fácil deviene pensar con ellos más bien que pensar meramente de ellos o incluso por ellos, cuando el erudito se da cuenta de que sus «doctrinas oficiales» son las mismas que las que durante mucho tiempo han sido corrientes en su propio entorno, y que aún sobreviven en él!.

Un segundo ejemplo es el del «complejo de marioneta». La Dra. Margaret Mead hace uso de esta expresión en su estudio sobre el carácter balinés, donde observa: «La marioneta animada, el muñeco que danza en una cuerda, las marionetas de cuero manipuladas por el marionetista, y, finalmente, las pequeñas danzarinas en trance, que devienen exageradamente ligeras y tenues a medida que danzan a petición de la audiencia, todo dramatiza este cuadro de aprendizaje involuntario, en el que lo que prevalece no es la voluntad del aprendiz, sino el modelo de la situación y la manipulación del maestro»; y habla de «la fantasía del cuerpo hecho de partes independientes separadas… la noción de que el cuerpo es como una marioneta, articulado en las juntas».26 Por supuesto, se da a entender que estas son peculiaridades especialmente balinesas. Aunque la observación no se relaciona con ningún primer principio gobernante, y, por consiguiente, no se ha comprendido plenamente, es excelente en sí misma: pues se comprende que la relajación de la danzarina, semejante a la de una marioneta, es la de una pupila obediente, que no se guía por su propia voluntad, sino por la voluntad de un maestro. Aquí sólo podemos hacer mención de las palabras de Cristo: «Yo no hago nada de mí mismo», y «más no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».27 E, igualmente, Boehme decía también: «No debes hacer nada sino abandonar tu voluntad propia, a saber, eso que llamas "yo" o "tú mismo". Por lo cual has de entender que todas tus propiedades malas crecerán en debilidad, flaqueza, y disposición a morir; y entonces te sumergirás nuevamente dentro de esa única cosa, de la que surgiste originalmente».28 De hecho, la danzarina no está expresándose «a sí misma», sino que es enteramente una artista, es decir, está inspirada, : su condición se describe muy acertadamente como una condición de trance o de éxtasis. Todo el procedimiento es la realización, en el arte, del principio de resignación vital. La religión y la cultura, lo sagrado y lo profano no se muestran divididos.

En realidad, este «complejo», esta «fantasía», o esta «noción» (términos que se emplean demasiado condescendientemente) no es nada peculiarmente balinés, sino que es también igualmente indio y platónico, y casi tan ciertamente de origen indio en Bali como de derivación platónico-aristotélica en Europa. Además, este «complejo» se relaciona con/e implica otras dos doctrinas, a saber, la doctrina de la Lila29 y la doctrina del Sutratman,30 y con el simbolismo tradicional del teatro.31 Platón ve en las marionetas (), con sus mociones automáticas y autocinéticas, un ejemplo típico de lo maravilloso () que es la fuente o el comienzo de la filosofía: así pues, es «en lo que concierne a lo mejor en nosotros, que nosotros somos realmente juguetes de Dios», y debemos danzar acordemente, obedeciendo sólo al control de esa única cuerda, por la que la marioneta está suspendida desde arriba, y no a los impulsos contrarios y no regulados, por los que las cosas externas arrastran a cada uno acá y allá, de acuerdo con sus propios gustos y disgustos.32 Pues como dice también Filón, «nuestros cinco sentidos», junto con los poderes del habla y de la generación, «todos éstos, como en los espectáculos de marionetas, son tirados por cuerdas por su Director (),33 ora en reposo, ora en movimiento, cada uno en las actitudes y mociones apropiadas a él».34 Para una marioneta, comportarse como ella querría, sería ciertamente contra natura; los movimientos que son inducidos por los apetitos personales no son libres, sino incalculados e irregulares. Pero el «Nous nunca yerra»,35 y «el Daimon siempre me retiene de lo que "yo" quiero hacer, y nunca me instiga»;36 y su verdad, a diferencia de la de este hombre, Sócrates, es irrefutable.37

La Dra. Margaret Mead hace referencia a las juntas de la marioneta, y éstas, ciertamente, han de considerarse como los engranajes de un mecanismo cuyos ejes son los clavos.38 Pero lo más importante en el simbolismo de la marioneta es el hilo, en el cual están encordadas sus partes, y sin el cual la marioneta caería inanimada, como ocurre efectivamente cuando uno «entrega el espíritu» y «muere». La «noción de que el cuerpo es como una marioneta», no depende de una semejanza meramente externa, sino mucho más de la referencia al hilo o a los hilos guías que la mano del marionetista controla, como controla las riendas el conductor de un vehículo. «Ten bien presente que lo que tira del hilo es ese Ser oculto dentro de nosotros: eso hace nuestro habla, eso es nuestro habla, nuestra vida, nuestro Hombre… algo más Divino que las pasiones, que nos hacen literalmente marionetas, y nada más».39

Esta analogía se formula así en el Mahabharata: «Los gestos humanos son movidos por otro, como con un muñeco de madera encordado en un hilo».40 Y se hace la pregunta: «¿Conoces tú ese Hilo por el cual, y ese Controlador Interno por quién, este mundo y el otro, y todos los seres, están encordados juntos, y controlados desde dentro, de manera que se mueven como una marioneta, cuando cumplen sus respectivas funciones?»41 —o para hacer la misma pregunta en otras palabras, ¿conoces tú a questi nei cor mortali u permotore?42 ¿conoces tú a questi la terra in se stringe?.43 «Finos usos de madera recién pintados, sujetos con hilos y clavos… tal es la semejanza de estos miembros nuestros».44 «¿Quién hizo este muñeco (de madera)? ¿Dónde está su hacedor? ¿De dónde ha surgido? ¿Cómo perecerá?».45 Las respuestas a todas estas preguntas se habían dado hace mucho tiempo: «El Sol es el amarre al que estos mundos están amarrados… El Sol encorda estos mundos a sí mismo con un hilo, a saber, el hilo del Viento».46 Es así como «todo este universo está encordado en Mí, como filas de gemas en un hilo»;47 y, «ciertamente, el que conoce ese hilo, y el Controlador Interno que desde dentro controla este mundo, y el otro mundo, y todos los seres, ese conoce a Brahma, ese conoce a los Dioses, ese conoce los Vedas, ese conoce al Ser, al Sí mismo y todo».48 Éste es el trasfondo del «complejo de marioneta» de los balineses, trasfondo sin cuya comprensión no puede decirse que su «carácter» haya sido explicado, por muy cuidadosamente que pueda haber sido observado.49

Las marionetas parecen moverse por sí mismas, pero son realmente activadas y controladas desde dentro por el hilo del que están suspendidas desde arriba, y sólo se mueven inteligentemente cuando obedecen a esta cuerda: y es en este automatismo, o apariencia de libre albedrío y automoción, donde la marioneta se parece más al hombre. Las marionetas son «autómatas», sí; pero en realidad no son más autómatas que cualesquiera otras máquinas capaces de moverse sin un poder puesto dentro de ellas, o transmitido a ellas continuamente por un principio inteligente distinto de una o de todas sus partes móviles.50 Si pudieran hablar también el lenguaje de la filosofía tradicional dirían: «No es mi sí mismo, el de estas partes de madera, sino otro Sí mismo, el Sí mismo de todas las marionetas, el que me mueve; y si yo parezco moverme por mi propia voluntad, esto sólo es verdadero en la medida en que he identificado mi sí mismo y todo mi ser y todo mi querer con los del Marionetista,51 que me hizo y que me mueve». Los autómatas hechos por el hombre son imitaciones de las creaciones de los artesanos míticos, , tales como Maya, Hefaistos, Dédalo, Regino, etc.; y si uno no quiere malinterpretar su significación, deberá tener siempre presente que «automático», que hoy día implica una actividad involuntaria y meramente refleja, tenía originalmente un significado casi exactamente opuesto, a saber, el de «actuar por la propia voluntad de uno», o el de «auto-móvil».52 Las «puertas automáticas» de la Janua Coeli,53 las simplegades en general, y sus jambas «automáticas», se malinterpretarán si no se comprende que ello significa que están «vivas», una animación que se denota explícitamente por la representación de las puertas aladas en la iconografía de la Puerta del Sol de los sellos babilonios.
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Joselia
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MensajeTema: Re: 'LA PATERNIDAD ESPIRITUAL' y 'EL COMPLEJO DE MARIONETA'   Jue Ene 03, 2013 1:09 pm

NOTAS

* Este artículo se publicó por primera vez en Psychiatry (Washington, D.C.), VIII, 1945. Reimpreso en «Am I My Brother's Keeper?», New York, 1947.
1 Montagu, M. F. Ashley, «Nescience, Science and Psycho-Analysis», Psychiatry (1941) 4.45-60. En este artículo se encontrarán referencias a la literatura.
2 Las bastardillas aquí están en el original. Las de las dos citas siguientes son mías.
3 Majjhima Nikaya I.265-266. Los Gandharvas y las Apsarases son los gobernantes con respecto a los hijos o la falta de hijos (Pañcavimsa Brahmana IX.3.1).
4 Filón Judaeus, Quis rerum divinarum heres 115.
5 Platón, Leyes 773 E.
6 Efesios 3.15.
7 En todos estos contextos, en los que el «Sol» aparece con mayúscula, la referencia es, por supuesto, al «Sol interior», en tanto que se distingue del «sol exterior, el cual recibe su poder y su lustre del interior» (Jacob Boehme, Signatura rerum XI.75); al «Sol de los Ángeles», en tanto que se distingue del «sol de los sentidos» (Dante, Paradiso X.53-54; cf. Convito III.12.50-60). Este «Sol del sol» (Filón, De specialis legibus I.279; cf. De cherubim 97), Apolo en tanto que se distingue de Helios (Platón, Leyes 898 D, Plutarco, Moralia 393 D, 400 C, D) no es «el sol a quien todos los hombres ven», sino «el Sol a quien no todos conocen con la mente» (Atharva Veda X.8.14, «el Sol cuyo cuerpo es el sol», Brhadaranyaka Upanisad III.7.9). La distinción tradicional entre los «soles» inteligible y sensible, invisible y visible es esencial para una comprensión adecuada de las «mitologías solares» y de los «cultos solares».
8 Aristóteles, Física II.2.
9 Dante, Paradiso XXII.116 y XXIX.15.
10 Satapatha Brahmana VII.3.2.12. Ver mi «Sunkiss», JAOS (1940) 60.46-47; y mi «Primitive Mentality», Quarterly Journal of the Mythological Society (1940) 31.69-91. Al Beso del Sol corresponde «la caricia de Zeus por su soplo» (Esquilo, Las Suplicantes, 344-345, en la versión inglesa de P. W. Smyth).
11 Jaiminiya Upanisad Brahmana III.10.4. Cf. Pañcavimsa Brahmana XVI.14.5.
12 12 ôgveda VII.102.2. Apenas hay necesidad de decir, o de buscar demostrar, que los simbolismos solares cristiano y pagano son homólogos. No obstante, puede citarse una ilustración en el Hymnus Matutinus de San Ambrosio:

«Verusque sol, illabere
Micans nitore perpeti;
Jubarque Sancti Spiritus
Infunde nostris sensibus» «Sol verdadero, penetra en nosotros;
Tú que brillas con fulgor perpetuo;
Oh Luz del Soplo divino
Infunde nuestros sentidos»
lo cual es un equivalente casi literal de la Gayatri védica, Rgveda III.62.10.

13 Brhadaranyaka Upanisad III.9.28.
14 Ídem III.7.23.
15 Esta equivalencia es explícita en Aitareya Aranyaka III.2.3, donde Keith observa también que ésta es «la doctrina más común en las Upanisads». El «Sol» en cuestión es el Sol de Rg veda I.115.1, «el Sí mismo Espiritual [atman] de todo lo que es móvil o inmóvil».
16 Kausitaki Upanisad III.3.
17 Taittiriya Samhita VII.1.1.1, Satapatha Brahmana VIII.7.1.16. Cf. Juan 1.4 «la vida era la luz». Desde el mismo punto de vista: Prima substantiarum est lux… Unumquodque quantum habet de luce tantum retinet esse divini (Witelo, Liber de intelligentiis VI, VIII).
18 Summa Theologica III.32.11.
19 Ídem I.45.5.
20 Von Schiller, Johann C., Wallenstein III.13.
21 San Buenaventura, De reductione artium ad theologiam 21; cf. Filón, Quis rerum divinarum heres 115, «¿No son los padres, por así decir, causas concomitantes solo, mientras que la Naturaleza [divina] es la causa más alta, la causa primera y la causa más verdadera del engendramiento de los hijos?». He agregado «divina», sólo para recordar al lector que la «Naturaleza» de Filón no es el mundo visible y objetivo, sino ese aspecto del poder de Dios por el cual Dios crea, es decir, la de Platón, «la Naturaleza Eterna» que nosotros reconocemos en el engendramiento de los descendientes (Leyes 773 E).
Equivale a lo mismo decir que «el Soplo es el poder progenitivo», y también que «el hombre es propagado desde el Soplo» (Pañcavimsa Brahmana XVI.14.5), puesto que el Soplo (pranah) se identifica comúnmente con el Sol, es decir, el principio pneumático con el principio luminoso.

22 Jalalu'd Din Rumi, Mathnawi I.3775-3779.
23 Juan 6.63.
24 Mateo 23.9.
25 Alfred Jeremías, Handbuch der Altorientalischen Geisteskultur, 2ª edic., Berlín, Walter de Gruyter, 1929 (XVII y 508 pp.); en particular, el Prólogo.
26 Gregory Bateson y Margaret Mead, Balinese Character: A Photographic Analysis, New York, New York Academy of Sciences, 1942 (pp. XVI y 277), pp. 17 y 91.
27 Juan 8.28; Marcos 14.36.
28 Jacob Boehme, «Discourse Between Two Souls», Signatura rerum, New York, Dutton, n. d. (288 pp.).
29 A. K. Coomaraswamy, «Lila», JAOS (1941) 61.98-101; y «Play and Seriousness», Journal of Philosophy (1942) 39.550-552.
30 A. K. Coomaraswamy, «Primitive Mentality», referencia nota 10; «Symbolism», Dictionary of World Literature; «The Iconography of Dürer's "Knots" and Leonardo's "Concatenation"», Art Quarterly (1944) 7.109-128. Ver también Sankaracarya, satasloki 12 y 55: el hombre es una cuenta encordada en el hilo del Sí mismo consciente, y de la misma manera que las marionetas de madera se manejan con cuerdas, así el mundo es operado por el Hilo del Espíritu.
31 Cf. Réne Guénon, «El Simbolismo del teatro», Apercepciones sobre la Iniciación, XXVIII.
32 Platón, Teeteto 155 D; y Leyes 644 y 803-844.
33 Dux, Duque, Conductor, Guía; el Conductor solar; el netr de Rgveda V.50.1 y «el Sí mismo del sí mismo, el Conductor Inmortal» (atmano' tma netamrtah), de Maitri Upanisad VI.7.
34 Filón, De opificio mundi 117.
35 Aristóteles, De anima III.10, 433 A.
36 Platón, Apología 31 D; y Fedro 242 B.
37 Platón, El Banquete 201 C.
38 La función de los clavos no es tanto sujetar las juntas como permitir que los miembros se muevan libremente. Los clavos (, Platón, Timeo 43 A), sobre los que se mueven las juntas (), y que son comparables a los goznes () de las jambas de las puertas (Parménides en Sextus Empiricus, Adversus dogmatos III), se emplean ciertamente; pero a éstos también se les llama pivots (), y los miembros están atados por los tendones () que se tensan y distienden alrededor de los pivots, y así mueven las partes del cuerpo como si estuvieran sujetas a goznes (Timeo 74 B). Estos tendones son la contrapartida física de los «lazos de la vida» psíquicos (Timeo 73 B) que son disueltos en la muerte (Timeo 81 E); Filón, Quis rerum divinarum heres 242, Brhadaranyaka Upanisad II.72.2; Maitri Upanisad I.4. Es por el «hilo» por quien las partes son co-ordinadas y movidas realmente: y así también en el hombre, «es por el Soplo por quien las juntas están unidas» (pranena sarvani parvani samdadhati), es decir, por el Soplo vital a quien se llama el «Hilo del Espíritu» (sutratman), el Hilo «que une (samtanoti) este mundo» (Aitareya Aranyaka I.4.2, 3. Ver otras referencias en la nota 30).
39 Marco Aurelio X.38 y XII.19; cf. II.2, III.16, VI.16, VII.3, VII.29.

El simbolismo de la marioneta se relaciona estrechamente con el simbolismo indio, platónico, neoplatónico y posterior del carro, cuyos corceles son los poderes sensoriales que buscan sus propias praderas y deben ser domados y guiados por el conductor sabio, a saber, la Razón, que es la única que conoce la Vía o la «Senda Real».
40 Mahabharata, Udyoga Parvan 32.12.
41 Brhadaranyaka Upanisad III.7.1; cf. 4.1, combinado con los comentarios de Sankara.
42 Dante, Paradiso I.116, «Este que es el motor interior del corazón mortal», lo cual corresponde a Maitri Upanisad II.6 «desde dentro de este corazón nuestro, el Movedor» (asmad-dhrd-antarat pracodayitr).
43 Dante, Paradiso I.117. «Éste que reúne y aprieta en sí mismo toda la tierra».
44 Therigatha 390, 391.
45 Samyutta Nikaya I.134.
46 Satapatha Brahmana VI.7.1.17 y VIII.7.3.10.
47 Bhagavad Gita VII.7; comparar Tripura Rahasya, Jñana Khanda, V.119-124 (cf. nota 65).
48 Brhadaranyaka Upanisad III.7.1.
49 El reseñador de esta obra de la Dra. Margaret Mead, The American Character, insiste justamente sobre el «peligro de… proporcionar razones psicológicas, o incluso biológicas, a características que deberían tratarse metafísicamente» (New English Weekly, 1944, 25.132). Las explicaciones «psicológicas» mismas serán inadecuadas si se pasa por alto la psicología tradicional, por ejemplo, la de Filón y la de la Bhagavad Gita. En esta psicología tradicional se sostiene que no puede haber ningún error más grande, ni fuente de mal más grande, que concebir que «yo soy el hacedor». Desde el punto de vista de alguien que acepta esta axiología, el comportamiento de la danzarina balinesa es simplemente natural, y el del «artista» autoexpresivo moderno innatural.
50 Por ejemplo, cuando La Mettrie dice, «El cuerpo humano es una máquina que da vuelo a sus propios saltos», está «explicando» un fenómeno por algo de un tipo que jamás estuvo en el mar ni en la tierra, algo tan inconcebible como «el hijo de una mujer estéril». Cuando continúa diciendo que «el alma no es sino un principio de moción o una parte material y sensible del cerebro», está proponiendo dos teorías enteramente diferentes, de las cuales la primera es de Platón, y la segunda revierte a su propia «máquina» inconcebible. Mi cita de La Mettrie está tomada de Wilbur Marshall Urban, Language and Reality, New York, Macmillan, 1939, p. 314.
Erwin Schrödingen estudia en qué sentido puede el hombre comparase propiamente a una máquina en What is Life?, Cambridge, Macmillan, 1945.

51 Sánscrito sutra-dhara, «detentador del hilo», y así «marionetista», «escenificador», y «carpintero». No carece de significación, también, que las marionetas sean de «madera»; puesto que la «materia prima» de la que está hecho el mundo es una «madera» (, sánscrito vana) y, por consiguiente, el hacedor es un «carpintero».
52 Ilíada II.408; Hesíodo, Matrimonio de Ceyx, 2, y Opus 103, donde el término se usa para personas o poderes personificados. Aristóteles, Física II.6, interpreta «autómata» como «sin ningún propósito en sí mismo», y así «accidental» o «al azar»; pero esto no es congruente con los significados ya citados ni con el uso de con , «crecer» (cf. sánscrito svaruh); según la mayoría de los estudiosos, el significado raíz es el de «actuar por la propia voluntad de uno». La verdadera analogía es con , «auto-moción», que es el tipo de moción más alto (Platón, Fedro 264 A, Leyes 895). Como es usual, el problema gira en torno a la pregunta, ¿Qué o cuál es el «sí mismo» implicado, el sí mismo exterior y mortal o el Sí mismo interior e inmortal? —donde éste último es el verdadero .
53 Ilíada V.409; comparar con Suparnadhyaya XXV.1, y las «Puertas Activas» de la mitología céltica.


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MensajeTema: Re: 'LA PATERNIDAD ESPIRITUAL' y 'EL COMPLEJO DE MARIONETA'   Jue Ene 03, 2013 1:11 pm

'LA PATERNIDAD ESPIRITUAL' Y 'EL COMPLEJO DE MARIONETA' (y 2)

ANANDA K. COOMARASWAMY

Ahora podemos estar en situación de comprender el transparente mito de la Ciudad de los Autómatas de Madera, en el Katha Sarit Sagara.54 Aquí el héroe, Naravahanadatta («Teodoro») llega a una ciudad maravillosa (ascaryam puram) en la que toda la ciudadanía (paurajanam) consiste en ingenios o autómatas de madera (kasshamaya-yantram) que se comportan como si estuvieran vivos (cessamanam sajivavat),55 aunque se les reconoce como sin vida por su falta de habla; y esto provoca la maravilla (vismayan = )56 del héroe. Entra al palacio, y ve allí a un hombre muy bello (bhavyam57 purusam) entronizado y rodeado por jenízaros y guardianas; este hombre es la única consciencia (ekakam cetanam)58 allí, y es la causa de la moción en el pueblo insensible, «de la misma manera que el Espíritu presencia los poderes de percepción y de acción» (indriyanam ivatmanam adhisshatrtaya sthitam).59 En respuesta a las preguntas, el Rey explica que él, Rajyadhara (el poder real) es uno de los dos hijos del Rey Bahubala («Brazo fuerte»), y que, habiendo robado su hermano Pranadhara (el poder pneumático) el tesoro de su padre, y dilapidado su fortuna, ambos habían huido. «Ambos», dice, «somos carpinteros,51 expertos en la hechura de artificios de madera y otros autómatas, —o ingenios, como los producidos por Maya»60 (taksanau…maya-praniteva darvadi-maya-yantra-vicaksanau). Rajyadhara continúa diciendo. «Finalmente, yo llegué a esta ciudad vacía (sunyam puram) y entré en el palacio». Allí, en el corazón del palacio, Rajyadhara es alimentado por manos invisibles: y «todos estos autómatas (yantra) no son meros productos de mi imaginación, pues soy yo quien los ha hecho. Es por la voluntad del Dispositor como yo, que soy un carpintero, he venido aquí, y aquí estoy saboreando el juego de un rey, como un Dios todo solo por mí mismo» (ihagatya taksapi devaikaki karomy aham rajño lilayitam).61
Nadie que esté familiarizado con la psicología tradicional india o griega, dudará que la Ciudad de los Autómatas de Madera es macrocósmicamente el mundo y microcósmicamente el hombre —el hombre, cuya «persona» (puru-sa) se llama así, debido a que él es el ciudadano en cada cuerpo pol-ítico.62 El «palacio de oro» es el «corazón» de la «Ciudad de Oro», el centro desde el que se dirigen todas sus operaciones. A Rajyadhara, sus súbditos, a saber, los poderes psíquicos de percepción y de acción, lo mismo que los súbditos de los reyes terrenales, le traen todo tipo de alimento con el que se alimenta el Espíritu cuando viene así comiendo y bebiendo.63 El hecho de que su alimento de todo tipo sea servido así por manos invisibles, y de que él repueble una Tierra Yerma (sunyam puram), es un recordatorio de que él es efectivamente el «Rey Rico» de un «Castillo del Grial». Como la «única consciencia» en la Ciudad de los Autómatas de Madera, Rajyadhara corresponde al «Único Pensador, vuestro Sí mismo, el Controlador Interno, el Inmortal» de las Upanisads.64 El «robo» original al que se hace mención, es el de las fuentes de la vida, el Rapto del Soma indio y el prometéico robo del fuego griego; sólo con un «robo» tal puede vivificarse el mundo, pero ello implica, necesariamente, la separación o el exilio de los principios inmanentes de su fuente transcendente. Rajyadhara habla acertadamente de sí mismo como de un Dios.

Si pudiera haber alguna duda de que éstos son los significados reales de la historia de la Ciudad de Oro (hemapura), o de que éstos habrían sido evidentes para todo oyente indio, esta duda puede disiparse no sólo por una consideración de las expresiones paralelas de los pasajes escriturarios ya citados, sino también por una comparación con el Tripura Rahasya,65 donde se trata nuevamente de una «ciudad» y de sus ciudadanos, y donde se dice que el Migrante o Procedente (pracara),66 aunque es sólo uno, «se multiplica a sí mismo, se manifiesta como la ciudad y sus ciudadanos, y penetra a todos ellos, los protege y los sostiene», y que «sin él todos ellos se dispersarían y se perderían como perlas sin la cuerda del collar»;67 y está perfectamente claro que, como el texto mismo lo explica después, el Migrante es el Soplo o la Vida (prana) y la ciudad el cuerpo, cuyas partes están encordadas en Él.

Todas estas formulaciones esclarecen además los significados del término sutra-dhara como escenificador y carpintero o arquitecto; pues éstos son uno y el mismo in divinis; y en lo que concierne al juego de marionetas, el marionetista puede ser uno y el mismo en la práctica humana. Uno no tiene que suponer, con Pischel,68 que el drama indio se originó en un juego de marionetas de antigüedad desconocida; o que, por otra parte, el sutra-dhara es un «carpintero» meramente a causa de que lleva una regla de medir. Los orígenes del drama y de la arquitectura son míticos, y ambos son igualmente «imitaciones» de prototipos divinos.69 Es porque el Omnihacedor (Visvakarma) es el «Detentador de Todos los Hilos» (visva-sutra-dhrk),70 ya sea como el Artista que hace o como el Controlador que maneja sus «juguetes», como los llama Platón, por lo que el artista y el escenificador humanos son, a semejanza e imagen de Dios, igualmente «Detentadores de un Hilo».71

Se ha dicho suficiente para mostrar que la doctrina de la «paternidad espiritual» no es nada peculiar a las islas del Pacífico o a Australia, y que el supuesto «complejo de marioneta» no es nada peculiarmente balinés; se ha dicho suficiente también para mostrar que la «doctrina oficial» australiana es una formulación intelectual más bien que una prueba de nesciencia,72 y que la expresión «complejo», al implicar una psicosis, es completamente irrelevante para describir lo que es de hecho una «teoría» metafísica. Tales formulaciones no pueden verse o evaluarse adecuadamente, en una perspectiva verdadera, mientras se traten como fenómenos puramente locales, que han de explicarse de una manera evolucionista o psicológica en base a la única premisa del entorno en el que ha acontecido que se han observado; sino únicamente si se ponen en relación con la totalidad del horizonte espiritual y cultural dentro de cuyo modelo se integran naturalmente, y del que sólo pueden ser las «supersticiones» periféricas, en el sentido estrictamente etimológico de este excelente pero maltratado término.73 El estudioso de las «creencias primitivas» y del «folklore», si no quiere traicionar su vocación, debe ser no tanto un psicólogo, en el sentido corriente del término, sino más bien un teólogo y un metafísico cumplido.

Estas consideraciones generales son también de la mayor importancia si la antropología ha de significar algo más que otra satisfacción de nuestra curiosidad; es decir, si ha de servir al bien de la humanidad, permitiendo a los hombres comprenderse unos a otros, e incluso pensar unos con otros, más bien que pensar unos de otros como extraños. Por ejemplo, Marsilio Ficino, el Maestro Eckhart, William Law, y Hafiz están pensando unos con otros cuando emplean la figura del «anzuelo» con el que el Rey Pescador pesca su presa humana;74 o el celta está pensando con el budista cuando están de acuerdo en que «El que quiera ser el mayor, que sea vuestro puente».75 Así mismo, el australiano está pensando con Cristo cuando, una vez iniciado, exclama «ningún hombre (es) padre sobre la tierra». E igualmente, como se ha indicado previamente, hay una conexión real, aunque pueda ser prehistórica, entre la observación de Margaret Mead «ligeras y tenues», la de Jacob Boehme «débil, desfalleciente y dispuesta a morir», y el hecho de que «toda la escritura clama por la liberación del sí mismo». Se debe a su aceptación de este punto de vista, tan repugnante para la mentalidad moderna, por lo que los miembros de las sociedades tradicionales y «unánimes» parecen no haberse distinguido de su entorno; y la ironía de la situación es ésta, que los proletarios modernos, para quienes las nociones de la individualidad y de la autoexpresión son tan importantes, son, de entre todos los pueblos, los menos individualizados y los más semejantes a un rebaño.76

Una cultura tal como la balinesa, está tan completamente moldeada y penetrada por su «doctrina oficial» heredada, que un comportamiento «correcto» u «ortodoxo», en cualquier situación dada, ha devenido una segunda naturaleza: ya no es necesario recordar las reglas del juego, debido a que el hábito del arte de vivir está ahora completamente implantado.77 «Al abandonar su voluntad propia, a saber, eso que tú llamas "yo" o "tú mismo"», la danzarina balinesa, en su rapto extático, no es el producto de un «complejo» peculiarmente balinés, sino de la Philosophia Perennis.

Platón dice que es en lo que concierne a lo mejor en los seres humanos, como ellos son realmente los juguetes de Dios. Y esta noción, de que lo que se llama «su» vida es, en realidad, un juego divino, en el que su participación es libre y activa sólo en la medida en que sus voluntades están inmersas en la Voluntad de quien juega el juego, es uno de los conocimientos más profundos del hombre. Como dice Jalalu'd Din Rumi, «Quien no ha abandonado así su voluntad, no tiene ninguna voluntad». E igualmente Angelus Silesius:


Dieses Alles ist ein Spiel, das ihz der Gottheit macht;
Sie hat die kreatur um ihretwillen gedacht.77A

Quienquiera que acepta este punto de vista, sentirá que «debe» actuar en consecuencia; y como implica la expresión «caminando con Dios» (el de Platón, sánscrito brahmacarya), ésta es para la marioneta su verdadera Vía. La única alternativa es una sumisión pasiva a los «impulsos y desgarros» de las «pasiones dominantes», llamadas así acertadamente cuando devienen los determinantes de la conducta.78 El «deber» se expresa en griego por , de , «atar», la raíz en , es decir, el «lazo» por el que, como dice Plutarco, Apolo ata () todas las cosas a sí mismo y las ordena.79 Ese lazo es precisamente la «cuerda de oro» de Platón, cuerda por la que la marioneta debe guiarse, si ha de jugar su papel exacto, evitando los movimientos desordenados que son provocados por sus propios deseos; y es también la «rienda» por la que deben controlarse los corceles sensoriales, si se busca que no pierdan el camino. Esta es la «cuerda» a la que uno debe agarrarse, si ha de jugar el juego inteligentemente, y espontáneamente, o «automáticamente».
En el Tripura Rahasya80 se da la pintura de una ciudad-estado ideal, que es la de una Utopía característicamente india, y, al mismo tiempo, muy semejante a la República de Platón. El Príncipe, instruido por su esposa, ha devenido un hombre libre (jivan-mukta), liberado en esta vida, aquí y ahora, de todos los «nudos del corazón», y, sobre todo, del más poderoso de éstos, a saber, el de la «identificación de la carne con el Sí mismo, identificación que, a su vez, da nacimiento al flujo incesante de la felicidad y de la miseria»; y, estando liberado, cumple sus deberes reales eficientemente, pero libre de toda volición y «como un actor sobre el escenario» (nasavad rangamandale). Siguiendo su ejemplo e instrucción, todos los ciudadanos alcanzan la misma libertad, y ya no están motivados por sus pasiones, aunque todavía las poseen. Las consecuencias no son en modo alguno «antisociales»; antes al contrario, los asuntos mundanales siguen su curso en este estado libre ideal, en el que sus ciudadanos continúan jugando sus papeles, por fuerza de la anterior preocupación, aunque ahora «sin pensar en la buena o la mala fortuna pasada, y sin contar con felicidades o penas futuras;81 en su vida de cada día ríen, se regocijan, se cansan, o se enfadan, como hombres embriagados e indiferentes a sus propios asuntos.82 Por consiguiente, Sanaka y otros sabios que la visitaron, la llamaron la "Ciudad de la Sabiduría Resplandeciente"».

El hecho de que en esta Ciudad de Dios ideal es el actor el que representa la norma de conducta, es especialmente pertinente en el presente contexto. Aquí «todo el mundo es un escenario», sin distinción entre la acción como conducta y la acción como drama, y cada uno juega el papel que «debe» jugar, si la ciudad ha de prosperar.83 Así pues, el verdadero actor, ya sea en la vida, o en su propia profesión, «actúa sin actuar», en el sentido de la Bhagavad Gita y de la doctrina taoísta del wei wu wei. No se identifica con el papel, y no resulta infectado (na lipyate) por lo que hace en el escenario: su papel, como los hombres lo ven, puede ser el de un santo o el de un pecador, pero, como Dios, permanece él mismo e imperturbado por el pensamiento, «Así hice bien», o «Así hice mal»;84 su ser está por encima de la batalla.85

La danzarina balinesa, que no está «expresándose a sí misma», sino jugando su papel impersonalmente, no es en modo alguno la víctima de un «complejo», sino meramente una actriz perfecta: y los miembros de cualquier otra sociedad, todos los cuales tienen su papel que jugar, pero quienes, en su mayor parte, desean ser «estrellas», podrían aprender de ella, si quisieran, cual es la distinción entre el actuar y el mero comportarse, distinción que es la que hay entre la espontaneidad y la licencia. No es suficiente con haber «observado», por muy exactamente que se haya hecho: sólo cuando el antropólogo ha comprendido profundamente lo que ve, sólo cuando ha asimilado realmente las ideas de las que el espectáculo es una demostración, el espectáculo puede devenir para él una experiencia seria.86

Traducción: Pedro Rodea
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MensajeTema: Re: 'LA PATERNIDAD ESPIRITUAL' y 'EL COMPLEJO DE MARIONETA'   Jue Ene 03, 2013 1:13 pm

NOTAS

54 Katha Sarit Sagara VII.9.1-59 (tar. 43, ver N. M. Penzer, Ocean of the Streams of Story, 1925, 3: comienzo p. 280, y además 3.56 y 9.149; Penzer estudia los «autómatas», pero no tiene la menor concepción de su teoría).
55 Cestamanam corresponde a cestate en el Mahabharata, cf. nota 40.
56 Un tal «maravillamiento» como es el comienzo de la filosofía, Platón, Teeteto 155 D, y Aristóteles, Metafísica 982 B.
57 Bhavya, participio futuro de bhu, «devenir», toma el sentido de «bello».
58 Aquí las fórmulas se relacionan muy estrechamente con las de Maitri Upanisad II.6 y Bhagavad Gita XIII.61. En la Upanisad, Prajapati, «desde dentro del corazón», anima y motiva a sus hijos, de otro modo sin vida, levantándolos en posesión de consciencia (cetanavat). En la Gita Sri Krishna, hablando de sí mismo, dice: «El Señor, sedente en el corazón de todos los seres, por su arte, hace que todos vaguen errantes, montado en sus ingenios» (isvarah sarvabhutanam hrddese…tisthati, bhramayan sarvabhutani yantrarudhani mayaya).
59 Nuevamente, esta es una afirmación de la psicología tradicional que subyace por todas partes en el «complejo de marioneta» y en el simbolismo del carro; cf. nota 49.
60 El Titán Maya, que puede comparase a Hefaistos, Dédalo, Wieland y Regino, es el gran Artista cuya hija, en el Katha Sarit Sagara VI.3, Penzer 3.42, Somaprabha, exhibe una variedad de ingenios o autómatas, y explica que estos arteros y auto-apoderados muñecos de madera, que estas obras de arte mecánicas y taimadas (kasthanayih sva-maya-yantra-putrikah … maya-yantradi-silpani) fueron originalmente «emanados» (srstani), desde antiguo, por mi padre»; y que éstos son de cinco tipos que corresponden, lo mismo que «ese gran ingenio, el mundo» (cf. Marsilio Ficino, Symposium IV.5, machino del mondo), a los cinco elementos, «pero la Rueda que guarda el Agua de la Vida, esa solo él, y ningún otro, la comprende».
61 Sobre este «juego» real ver nota 29, y cf. también Clemente de Alejandría, Instructor I, cap. 5: «Oh juego sabio, risa asistida por la constancia, y el rey como espectador… y éste es el juego divino. "Jove juega este juego, suyo propio", dice Heráclito. Entonces el Rey, que es Cristo, contempla nuestra risa desde arriba, y mirando a través de la ventana, presencia la gracia y la bendición». El «espectador» de Clemente corresponde al preksaka de Maitri Upanisad II.7.
«Pero la Nitya y la Lila son los dos aspectos de la misma realidad… Lo Absoluto juega de muchas maneras: como çsvara, como los dioses, como hombre, y como el universo. La Encarnación es el juego de lo Absoluto como hombre… El Dios sin forma es real, e igualmente real es Dios con forma» (The Gospel of Sri Ramakrishna, New York, Ramakrishna-Vivekananda Center, 1942, pp. 358-359).

62 Esto asume la etimología de purusa según se da en Brhadaranyaka Upanisad II.5.18, y la conexión de si con . He tratado más completamente el concepto indio y el correspondiente concepto griego del hombre como una Ciudad de Dios (brahmapura, Hieropolis, Civitas Dei) en mi «Civilization» en el Albert Schweitzer Jubilee Volume, (ed. A. Roback, Cambridge, 1946).
63 «Esa Persona de Oro en el Sol, que desde su sede de oro contempla esta tierra, es El que mora en el loto del corazón, y come ahí el alimento», Maitri Upanisad V.1, cf. Rgveda X.90.2, «Cuando Él se levanta por el alimento». «Ciertamente Él es el gran Sí mismo Espiritual innacido, que es el Discriminante entre los poderes del alma. En el éter del corazón está sedente el Dispositor de Todo, El Señor de Todo, el Rey de Todo», Brhadaranyaka Upanisad IV.4.22; cf. Chandogya Upanisad VIII.1.1-6. «A esta misma Vida (prana) como Brahma, todas estas divinidades le traen un tributo no pedido», Kausitaki Upanisad II.1, cf. Atharva Veda X.7.39 y 8.15. En todos estos contextos, como para Platón, el «alimento» es todo lo que nutre a los poderes físicos o psíquicos, al cuerpo o a la mente.
64 Brhadaranyaka Upanisad III.8.23; «El que levanta este cuerpo en posesión de consciencia, y lo mueve», Maitri Upanisad II.6.
65 Jñana Khanda V.119-124; el texto figura en Sarasvati Bhavana Texts, Nº 15 (1925-1933).
66 En teología, la «procesión» es la salida o la manifestación de la deidad como una Persona o en una Persona. Esta aparición sobre el escenario del mundo es un «descenso» (avatarana) estrictamente comparable al del actor que emerge de detrás del escenario para aparecer en algún disfraz. La referencia del texto es a la procesión del Espíritu, prajñatman o prana.
67 Como en la Bhagavad Gita VII.7. Cf. nota 30.
68 Richard Pischel, Die Heimat des Puppenspiels, Halle, Hallesche Rektorreden II, 1900; para la versión Inglesa remitirse a Mildred Tawney C., The Home of the Puppet Play, Londres, Luzac, 1902 (32 pp.).
69 «Las obras de arte humanas son imitaciones de prototipos divinos», Aitareya Brahmana VI.27.
70 Este término aparece con referencia a Vishnu como el Creador.
71 El fallecido profesor Arthur Berriedale Keith dijo bien que «imaginar que sea posible rastrear los comienzos del drama en un frívolo amor de la diversión, es, ciertamente, ignorar cuan esencialmente penetra la religión en la vida del hindú» (The Sanskrit Drama, Oxford, Clarendon Press, 1924, (405 pp.), p. 52). Cuando tratamos con una civilización tradicional, siempre debe tenerse presente que en las civilizaciones tradicionales no puede trazarse ninguna distinción real entre la cultura y la religión o entre lo profano y lo sagrado. Tales distinciones, como la que hay entre la utilidad y el significado o entre el valor y la belleza, son los productos de la esquizofrenia moderna.
72 Una fe ciega en el «progreso» hace muy fácil acusar a las «razas atrasadas» de ignorancia o de una «mentalidad prelógica». Cuando nosotros no comprendemos un fenómeno iconográfico, siempre nos sentimos tentados de decir que lo comprendemos muy bien —y que es el indígena el que es torpe o no ha comprendido, Carl Hentze, Objets rituels, croyances et dieux de la Chine antique et de l'Amérique, Anvers, 1936. El mundo de lo maravilloso no debe considerarse desde un punto de vista estrechamente científico, K. Th., Preuss, en Thurnwald, R., Lehrbuch der Völkerkunde, 1939, p. 127.
73 «Las comunidades atrasadas son las bibliotecas orales de las antiguas culturas del mundo» (N. K. Chadwick, Poetry and Prophecy, Cambridge University Press, 1942, XV). «Estas creencias suyas se han conservado hasta ahora como la reliquia de un conocimiento antiquísimo» (Aristóteles, Metafísica XII.8.10). «La memoria colectiva conserva a veces algunos detalles precisos de una "teoría" que desde hace mucho tiempo se ha hecho ininteligible… símbolos arcaicos de esencia puramente metafísica» (Mircea Eliade, Les livres populaires dans la littérature roumaine, Zalmoxis, 1939, II.78). Si las fuentes fundamentales de la costumbre y de la creencia son las de una tradición metafísica, el antropólogo que busca explicación y comprensión debe familiarizarse con esta tradición.
74 Marsilio Ficino, «…el alma inflamada por el esplendor divino… es secretamente alzada por él, como si fuera por un anzuelo, para devenir Dios». (Opera Omnia, p. 306). «Pues el amor es como el anzuelo del pescador» (Maestro Eckhart, Ed. Pfeiffer, p. 29). «El amor es mi cebo… él pondrá su anzuelo en tu corazón», (William Law). «Como un pez en el mar me veo nadando, hasta que, con su anzuelo, él lleva a cabo mi rescate» (Hafiz). Todo esto está implícito en Marcos 1.17, «Yo os haré pescadores de hombres». Hay pocas doctrinas o símbolos que puedan estudiarse adecuadamente, sobre la base de fuentes únicas a las que pueden parecer peculiares, si se pasa por alto su universalidad.
75 Ver Doña Luisa Coomaraswamy, «The Perilous Bridge of Welfare» HJAS, 1944, 8.l96-213. Cf. el Imperator Romano, que era también el Pontifex Maximus.
76 Por supuesto, nada es más extraño ni más indeseable para la mentalidad moderna que la idea de la «anonadación de sí mismo». La libertad de escoger y revolver ha devenido una obsesión; la libertad de la espontaneidad superior ya no se comprende. Para aquellos que tienen sus miedos cito estas palabras: «No puedo dudar más… lo que para mí es un hecho, una verdad percibida; a saber, que una persona sería infinitamente más feliz si pudiera aceptar la pérdida de su "sí mismo individual" y dejar que la naturaleza siga su curso» (Ernest E. Hadley, Psychiatry, 1942, 5.131-134, p. 134; cf. Harry Stack Sullivan, Psychiatry 1938, 1.121-134). «Aquí (en esta individualidad de cada uno de nosotros, "yo mismo") tenemos a la verdadera madre de las ilusiones, la fuente siempre preñada de preconcepciones, que invalida todos nuestros esfuerzos para comprender a otra gente. En sus momentos más objetivos, el psiquiatra puede tener la visión correcta de la personalidad, es decir, de la entidad hipotética que uno postula para dar cuenta de los hechos de la gente… en sus momentos menos especializados, el mismo psiquiatra se une a la gente en la explotación de sus ilusiones de una individualidad única. Se concibe a sí mismo como una unidad autolimitada que alterna entre un estado de desapego insular y grados variables de contacto con otras gentes y con entidades culturales. Y se arroga el papel principal en aquellas de sus acciones que le "acontece" notar». Creer en la propia «personalidad» o en la «individualidad» de uno mismo o de otro es animismo. En la filosofía tradicional se recalca que las «personalidades» son inconstantes, siempre cambiantes, y que jamás se detienen a «ser»; «nosotros» no somos entidades, sino procesos. Las palabras del Dr. Sullivan —sean intencionadas o no— son un admirable resumen de la doctrina budista del anatta. La atribución de un valor permanente a la personalidad, sería imposible para alguien que ha visto las cosas «como devienen» —(yatha-bhutam), es decir, objetivamente, como procesos determinados causalmente. El primer paso en la vía hacia una liberación de «la madre de las ilusiones», y así hacia una «felicidad infinita», es comprender, por una demostración, que «esto (el cuerpo y la mente) no es mi Sí mismo», y que no hay ninguna cosa tal como una «personalidad» en ninguna parte del mundo. La vida en un mundo de tiempo y espacio es una condición de cambio incesante; y, como pregunta Platón, «¿Cómo puede ser algo eso que nunca está en el mismo estado?» (Crátilo 439 E). El primer paso en un pensamiento claro es distinguir entre el devenir y el ser. La cosa verdaderamente importante es saber que «nosotros» somos realmente; pero este conocimiento sólo puede adquirirse en la medida en que «nosotros» eliminamos de nuestra consciencia de ser, todo lo que «nosotros» no somos. Esto es la platónica, sánscrito suddha karana.
77 La danza occidental contemporánea es apenas algo más que un tipo de gimnasia, y un espectáculo; en el arte tradicional, que sobrevive en otras partes, «todos los gestos de la danzarina son signos de cosas, y la danza se llama racional, porque significa y muestra adecuadamente algo que está por encima del placer de los sentidos» (San Agustín, De ordine 34; cf. A. K. Coomaraswamy y G. K. Duggirala, Mirror of Gesture, 1936). «El ejercicio físico, el tipo del primero, aunque puede inducir un cierto goce sensorial, en su efecto neto, no va más allá de los músculos, de los pulmones, del sistema circulatorio, y demás. Por otra parte, la actividad del juego tiene como resultado una restauración de lo que podemos llamar, generalmente, un equilibrio racional [nótese: "el equilibrio polar de lo físico y lo metafísico" de Andrae]. Es cierto que, en la medida en que el juego es recreación, es un escape. Es un escape del caos relativo de la experiencia ordinaria a un mundo donde hay un orden racional y moral, llanamente visible, y no simplemente el objeto de una fe. Así pues, como el arte, el juego es una clarificación de la experiencia… casi idéntico con un sentido de la libertad. El obstáculo real a la libertad no son las reglas sino la suerte; las reglas del juego hacen posible la libertad dentro de su marco». (George Seward, Journal of Philosophy, 1944, 41.184). Es justamente esta «clarificación» lo que el antropólogo no ve, cuando meramente «observa» con «objetividad» y «desapego» científicos, que apenas se distinguen de la condescendencia. «De hecho, esta es la manera occidental de ocultar el propio corazón de uno bajo el manto de la supuesta comprensión científica. Nosotros lo ocultamos, en parte debido a la miserable vanidad de los eruditos, vanidad que teme y rechaza con horror todo signo de simpatía viva, y en parte debido a que una comprensión que toca a los sentimientos podría provocar que el contacto con el espíritu extranjero deviniera una experiencia seria». (C. G. Jung, and Richard Wilhelm, Secret of the Golden Flower, London, Kegan, Paul, 1932); en particular la página 77. Yo digo que la antropología es inútil, o casi inútil, si no conduce a una tal experiencia.
Apenas es necesario decir que no estoy acusando a ninguno de los dos autores citados de «vanidad» o de falta de «simpatía viva». El profesor Ashley Montagu, por ejemplo, ha dicho que «a pesar de nuestros enormes avances tecnológicos nosotros, espiritualmente, y como seres humanos, no somos los iguales del promedio aborigen australiano o del promedio del esquimal —somos definitivamente sus inferiores». (M. F. Ashley Montagu, «Socio-Biology of Man», Sci. Monthly, 1940, 50.483-490). Es a escritores tales como Sir J. G. Frazer y Lévy-Bruhl a quienes se aplica realmente la crítica de Jung.

77A «Todo eso es un juego que la Deidad juega consigo misma:
Ella ha imaginado a la criatura para Su placer»
(El Peregrino Querubínico II.198).
78 Sobre esta sujeción pasiva cf. Chandogya Upanisad VIII.1.5 y Filón, Quis rerum divinarum heres, 186. La distinción implícita es la que hay entre la voluntad y el deseo: «el espíritu está queriendo, pero la carne es débil». Hacer lo que a uno le «agrada» es la antítesis del libre albedrío; al hombre libre le agrada mucho más lo que hace que hacer lo que le agrada.
79 Plutarco, Moralia, 393 sig., y cf. nota 30.
80 Jñana Khanda X.43-62; cf. nota 65.
81 En otras palabras, «dejad que los muertos entierren a sus muertos», y «no os preocupéis por el mañana»; viviendo tan cerca como sea posible en el ahora eterno.
82 Pues, en su dementación, el método es que viven naturalmente, sin poner frenos violentos a sus sentimientos y así, como otro traductor agrega, «disipan sus tendencias latentes». Uno podría recordar aquí el dicho de Blake, «Los deseos suprimidos engendran pestilencia».
83 Las personas mencionadas incluyen a los príncipes, hombres, mujeres, jóvenes y viejos, actores, cantores, locos, profesores, ministros, artesanos y hetairas.
84 Brhadaranyaka Upanisad IV.4.22
85 Se dice expresamente que el Príncipe consideraba la ganancia y la pérdida, al amigo y al enemigo imparcialmente: como en la Bhagavad Gita se enuncia el principio, «Tu incumbencia es la acción sólo, no el resultado». Uno recuerda, con Walt Whitman, que las «batallas se pierden en el mismo espíritu en el que se ganan»; y que la vocación del soldado no le pide odiar, sino sólo luchar bien. Esto último lo ilustra admirablemente la bien conocida historia de 'Ali que, comprometido en un combate singular, estaba a punto de la victoria, pero cuando su adversario le escupió en el rostro, se retiró, debido a que no quería luchar encolerizado.
86 Sobre la distinción entre la comprensión y el análisis psicológico, ver Wilbur Marshall Urban, The Intelligible World, 1929, pp. 184, 185. La comprensión requiere un reconocimiento de valores comunes. Pues, mientras los hombres no pueden pensar con otros pueblos, no los han comprendido, sino sólo conocido; y en esta situación, es en gran medida una ignorancia de su propia herencia espiritual, lo que se interpone en la vía de la comprensión y lo que hace que un modo de pensamiento que no es familiar parezca «raro». Incumbe peculiarmente al campo de la antropología facilitar que los hombres se comprendan unos a otros.

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